miércoles, 15 de octubre de 2008

Carta Pastoral

Carta Pastoral del Cardenal-Arzobispo de Madrid
La familia:
vida y esperanza para la humanidad

Domingo 24 de junio de 2008









1. El Plan de Dios sobre la familia.

a) La familia de Nazaret

b) La familia, icono de la Iglesia

c) La gracia del matrimonio cristiano

d) El testimonio de las familias cristianas




2. Desafíos actuales

a) Revolución sexual e ideología de género

b) Las raíces: secularización del matrimonio

c) La privatización del amor

d) El sujeto emotivo utilitario, un sujeto débil

e) Una posibilidad abierta en nuestra sociedad




2. Unión de fe y vida: una vocación al amor

a) Conocer el corazón del hombre

b) La vocación al amor

c) Creer en el amor. Ser hijo para ser esposo y ser padre

d) El don de los hijos y la fecundidad




3. En la comunión de la Iglesia: “Mirad cómo se aman”

a) Una llamada a toda la Iglesia diocesana

b) Cooperación de presbíteros y matrimonios

c) Coordinación entre parroquias y movimientos

d) Una reflexión común y el empeño de la formación




4. Testimonio de esperanza

a) Preparación remota y próxima al matrimonio

b) Cursillos prematrimoniales

c) Primeros años de matrimonio

d) Un “corazón que ve”

e) Situaciones difíciles o irregulares

f) La dimensión social y la atención a los emigrantes y ancianos




5. Madre del Amor Hermoso







Desde que en 1994, el venerable Juan Pablo II interpelara a la familia en el primer encuentro mundial de las familias con la pregunta «Familia, ¿qué dices de ti misma?», evocando la pregunta que los padres del Concilio Vaticano II plantearon a la Iglesia: “Iglesia, ¿qué dices de ti misma?”, el tema de la familia no deja de acaparar la atención de pastores y fieles preocupados por su identidad y misión en el mundo. Ya el Concilio, en la Constitución Pastoral Gaudium et Spes, al tratar de los problemas actuales que aquejan el mundo, se propuso como el primero de ellos el matrimonio y la familia. En verdad, fue una visión profética de las enormes dificultades que en los últimos tiempos han aquejado a la institución familiar envuelta en desprecios públicos, anuncios de su desaparición inminente y, últimamente, claros ataques a su naturaleza y estabilidad.

Juan Pablo II llamó a las familias en múltiples ocasiones a dar valiente testimonio de la fe vivida en su propio seno con la fuerza necesaria para proponer el amor fiel que necesita urgentemente nuestro mundo. Más recientemente en España, recordamos con emoción la inmensa multitud de familias reunidas en torno a Benedicto XVI en la celebración del V Encuentro Mundial de las Familias en Valencia en Julio de 2006 en la que el Papa nos iluminó con su magisterio de Pastor de la Iglesia Universal. Como un eco del mismo, hemos de mencionar el inolvidable acontecimiento que supuso para nuestra diócesis y para toda España, la jornada del 30 de diciembre del año pasado con la presencia tan elocuente de una muchedumbre de familias que testimoniaban el bien de la familia para toda la sociedad. Todos estos eventos están además enmarcados en una ilusionada promoción de la familia en la Iglesia en España a partir de la Instrucción Pastoral La familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad (27-IV-2001) y la publicación del Directorio de la Pastoral Familiar de la Iglesia en España (21-XI-2003).

Estos hechos de gracia deben encontrar ahora un cauce especial en nuestra diócesis que vive gozosamente los primeros pasos de la aplicación del Sínodo Diocesano. En sus Constituciones se quiso dar una respuesta concreta a una insistente preocupación por los temas familiares, expresada por muchas personas, que se ha recogido en algunos de los decretos sinodales.

Por eso, después de la misión joven que se ha extendido al ámbito de la realidad matrimonial y familiar, llega la hora de proponer un plan integral de Pastoral Familiar para nuestra archidiócesis que sea capaz de potenciar con nuevo ímpetu la conciencia del ser y de la misión cristiana de las familias. Esto requiere sin duda nuevos evangelizadores capaces de anunciar el Evangelio del matrimonio y la familia. Y requiere sobre todo la confianza en el plan de Dios, que nos ha dado en la unión del hombre y de la mujer un signo sacramental tan elocuente del amor entre Dios y los hombres, entre Cristo y la Iglesia.




1. El Plan de Dios sobre la familia.




“El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14). En esta afirmación se encuentra el fundamento de toda la vida cristiana y la luz que ilumina toda nuestra existencia. Dios ha querido habitar en medio de los hombres y, como Buen Samaritano (cfr. Lc 10,30-37), ha descendido de su altura para hacerse hermano de los hombres y manifestarnos su amor sin límites. En el misterio de la Encarnación, el Hijo de Dios ha asumido nuestra naturaleza humana de manera que nada humano le es ajeno, excepto el pecado. El Hijo de Dios se ha hecho hijo de los hombres en el seno de la Virgen María por obra del Espíritu Santo. La Encarnación es el misterio más asombroso de la fe cristiana porque presenta ante nuestros ojos al «Dios con nosotros», el Enmanuel, participando de nuestra condición humana, la cual permite hacerse contemporáneo de cada hombre (cf. GS 22,2). El Hijo de Dios, al encarnarse, no se avergonzó de llamarnos hermanos (cf. Heb 2,11), puesto que asumió nuestra carne y sangre (cf. Heb 2,14) para compartir el destino de los hombres mediante una solidaridad real con cada uno de nosotros.

a) La familia de Nazaret




El Salvador asumió nuestra humanidad de modo pleno y universal, pero lo hizo habitando en lo concreto de la historia. La primera realidad humana que aparece asumida e iluminada por el Dios encarnado es la familia. Dios se ha hecho prójimo del hombre naciendo en el seno de una familia, formada por María y José. Aunque la concepción del Hijo de Dios en el seno de María Virgen es obra del Espíritu Santo, y san José es padre adoptivo de Jesús, su nacimiento santifica la realidad familiar en la que nace y se convierte así en el lugar privilegiado donde el Hijo de Dios formará su carácter y personalidad, desarrollará todas sus capacidades y crecerá «en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres» (Lc 2,52). En la familia aprenderá el oficio con el que gane el pan de cada día y practicará las virtudes domésticas que hacen de la familia de Nazaret el icono perfecto de toda familia humana.

Desde sus orígenes la Iglesia confiesa que Jesucristo ha “nacido de mujer” (Ga 4,4), de quien ha asumido la carne que dará sentido y plenitud a la naturaleza humana. Naciendo en una familia, no sólo revela el significado de la primera célula de la sociedad y de la Iglesia, sino que consagra las relaciones humanas que se establecen dentro de ella según el plan de Dios. El Hijo de Dios, viviendo en el seno de una familia, aprende a ser hombre y en la relación única con la Virgen María y con San José se puede apreciar ya la primera Iglesia –la Iglesia doméstica– donde se realiza la salvación de los hombres. La familia aparece como el “hogar” primero en el que el Hijo de Dios es acogido con amor y en el que aprenderá los significados esenciales de su existencia: vivir y morir, trabajar y darse a los demás, orar al Padre y amar a todos los hombres sin excepción.




b) La familia, icono de la Iglesia




Al insertarse en la historia humana gracias a la familia en la que nace, crece y se desarrolla como persona, Jesucristo nos revela el plan de Dios que quiere hacer de la familia una imagen de la Iglesia. Porque Cristo, al tomar nuestra carne, ha puesto el fundamento de una comunión que traspasa los límites de la familia. Al unirse a nuestra naturaleza humana, el Hijo de Dios se ha unido a todos los hombres, a quienes llama a convertirse en «hijos de Dios» y hacer de la humanidad la gran familia de Dios. Este misterio de profunda solidaridad, que brota de la Encarnación, manifiesta que “para el hombre el Creador no es un poder anónimo y lejano: es el Padre: «Nosotros somos llamados hijos de Dios y en verdad lo somos» (1Jn 3,1) y, por tanto, somos hermanos los unos de los otros, en Dios”. Jesucristo llamará madre y hermanos (cf. Mt 12,50) a quienes escuchan su palabra y la ponen en práctica, indicando que Él establece una nueva familia en la que los lazos no son ya los de la carne y la sangre, sino los que nacen de la fe en Él, fundamento último de la vida. Estos lazos son más importantes que los estrictamente familiares, por lo que Jesucristo exigirá ser amado por encima del padre y de la madre, de los hijos, y hasta de la propia vida. Con estas exigencias, Cristo indica que ha venido a establecer un nuevo modo de vivir, una nueva existencia que no se superpone a la del nacimiento natural sino que le da su último y definitivo sentido.




c) La gracia del matrimonio cristiano




El Prólogo del Evangelio de Juan está orientado a revelar la gracia que comporta el habitar de Cristo entre nosotros. Es en el “hábitat” propio del hombre donde hay que descubrir la verdad del don de Dios que nos otorga un nuevo nacimiento. Los que acogen a Cristo por la fe experimentan un nuevo nacimiento, que no tiene su origen en la voluntad del hombre, ni en la carne y sangre, sino en el mismo Dios que nos otorga su misma vida (cf. Jn 1,13). Este nacimiento a la vida de Dios es el fruto de la encarnación de Cristo, que nos ayuda a entender nuestra existencia desde una perspectiva trascendente. Jesucristo viene a revelarnos el amor único e infinito de Dios para permitirnos vivir la novedad de este amor en toda nuestra existencia. No se trata de vivir dos vidas: la humana y la divina, como si fueran paralelas. Se trata de que vivamos nuestra vida, la única que tenemos, con la certeza de que ha sido trasformada por la encarnación de Cristo, gracias a la cual, hemos sido divinizados. Nuestra vida, de modo análogo a la de Cristo, es análogamente al mismo tiempo humana y divina

De esta primacía del amor de Dios es signo el matrimonio cristiano. En él se pone de manifiesto que Dios ha salido al encuentro del hombre en su Hijo Jesucristo. Dios ha querido unirse al hombre, como el esposo se une a la esposa –según la imagen de los profetas– y lo ha hecho en el sacrificio de Cristo, que ha dado la vida por nosotros. Esta entrega de Cristo es vista por san Pablo como el gran signo de amor a la Iglesia que queda para siempre unida a Él. Ella es la esposa de Cristo (cf. Ef 5,25-33). Y esta unión encuentra en el matrimonio un especial signo visible y tangible del amor entre ambos. Por eso el matrimonio está llamado a dar razón del amor de Cristo y la Iglesia, misterio que da sentido y explicación al amor humano, que llega a su plenitud en Cristo. El hombre aspiraba a amar así, con el amor que no pasa nunca (cfr. 1Co 13,8). Pero lo que no podía alcanzar por su pecado, Cristo lo ha hecho posible en la entrega de la cruz. El amor humano queda radicalmente abierto a la plenitud que sólo Dios puede conceder, como nos ha recordado el Papa Benedicto XVI: “A la imagen del Dios monoteísta corresponde el matrimonio monógamo. El matrimonio basado en un amor exclusivo y definitivo se convierte en icono de la relación de Dios con su pueblo y, viceversa, el modo de amar de Dios se convierte en la medida del amor humano.”




d) El testimonio de las familias cristianas




Para vivir el amor de esta manera, el hombre y la mujer que fundan una familia cristiana necesitan siempre de la Iglesia. En ella, y sólo en ella, puede hacerse realidad este amor que sustenta el sacramento. Porque sólo en la Iglesia se hace verdad cada día que Cristo se entrega por ella para hacerla perfecta en el amor, que ella le devuelve como «santa e inmaculada». Por ello, evangelizar la familia significa que los matrimonios cristianos vivan con verdad y gozo lo que significa «casarse en el Señor». En la medida en que existan matrimonios fieles al sacramento recibido, la familia cristiana brillará en medio de nuestro mundo con todo su esplendor. Los problemas de la familia en nuestro tiempo nacen en gran medida de la carencia de un amor verdadero, que no puede sustituirse por falsos amores, reducidos a meros sentimientos de atracción y deseo, a impulsos afectivos carentes de una verdadera determinación de amar, o a un paliativo del temor a vivir en soledad. Los retos que plantea la sociedad a la familia, a su estabilidad y al desarrollo acorde con su propia naturaleza sólo hallarán solución si el hombre y la mujer se abren a la mutua entrega con la conciencia clara de que el amor que les une viene de Dios y tiende a Dios. Será así un amor fecundo, abierto a la vida, un amor que da sentido a la entrega generosa y sacrificada entre los esposos, que se convierten para sus hijos en los testigos inmediatos del amor de Cristo con la Iglesia.

Los matrimonios cristianos vivirán su mutua donación como la aportación más hermosa que pueden hacer a la Iglesia de la que reciben continuamente la imagen de lo que están llamados a ser, signo del amor de Cristo con su pueblo. Y el pueblo de Dios crecerá gracias al testimonio de las familias cristianas. Comprendemos, pues, que el matrimonio y la familia sean realidades que exigen una permanente evangelización, pues la vida de la Iglesia depende de la vitalidad de las familias que la constituyen. La evangelización tiene, por tanto, en la familia un reto permanente, de forma que la pastoral familiar constituye «una dimensión esencial de toda evangelización». El motivo último es claro: la familia es el primer referente de la experiencia de amor para cualquier hombre. Es en ella donde experimenta la importancia irreemplazable de sentirse amado para aprender a amar. Todo hombre necesita experimentar un amor sobre el que construir su vida como sobre roca firme (cfr. Mt 7,24-27), un amor que permanece.

Si la transmisión del Evangelio no llega a educar al hombre en el amor de forma que se convierta en el fundamento del hogar cristiano, se corre el riesgo de considerar el Evangelio como algo secundario, reservado para personas especiales con una peculiar sensibilidad religiosa, pero no como una propuesta de alcance universal. De ahí la necesidad de que la familia descubra su vocación y misión en la Iglesia y en el mundo como icono de la nueva humanidad que Dios ha establecido en Cristo. La renovación de la Iglesia pasa, pues, por recuperar este “alma familiar” que le es propia, y que se hace visible en tantas familias cristianas que viven con la conciencia clara de ser signos del amor de Dios, escuelas de verdadera humanidad, y casas abiertas a los problemas de los hombres. Viviendo así, se hace próxima a las inquietudes de los hombres y atenta a la necesidad más profunda del hombre que consiste en “aprender a amar”. Es el modo como la Iglesia mira a la humanidad entera y comparte de forma íntima sus alegrías y sus penas. Por lo que podemos exclamar sin duda con Juan Pablo II: “¡El futuro de la humanidad se fragua en la familia!”




2. Desafíos actuales




No podemos ignorar la realidad que nos rodea, en la que esta hermosa verdad del matrimonio y la familia se ve acosada por graves deformaciones y obstáculos. Los obispos españoles hemos hablado extensamente sobre esta situación con el objeto de exponer cómo entendemos y valoramos la situación real de la familia en España. Todos conocemos por experiencias muy próximas las dificultades para llevar adelante una familia, y que ésta, en vez de ayuda, recibe bombardeos insistentes de confusión dirigidos al mismo concepto del matrimonio y la familia. Se mezclan verdades con claras mentiras para extender la idea de que cualquier opinión sobre estos temas es perfectamente válida, ocultando el impacto devastador que este vacío de verdad tiene en toda la sociedad, en especial en los más jóvenes, pues se trata de una cuestión tan trascendental para sus vidas.

La atención que merece la Evangelización sobre la familia debe tener en cuenta, como una realidad social arraigada en España, que la familia formada por un hombre y una mujer abiertos a la vida es, con mucho, la institución más valorada por los españoles. El problema del rechazo de la familia surge de una ideología que deforma el lenguaje y que impide hacer realidad los deseos más profundos de los hombres. “Podemos constatar así una profunda fractura entre una cultura determinada y exclusivista que impone una visión deformada sobre el matrimonio, sobre la familia, y la realidad social de nuestro país que, a pesar de la poderosa presión mediática, valora muy positivamente la institución familiar.”

Por eso, hay que destacar con fuerza, en un momento en el que las ideologías vuelven a estar vigentes, las raíces ideológicas de dicha fractura. Desenmascarando esta diferencia entre el deseo real de los hombres y lo que ofrece una cierta cultura ambiental podemos ofrecer un cauce abierto a la fuerza renovadora del Evangelio con toda su capacidad de sanar al hombre.




a) Revolución sexual e ideología del género




No debemos olvidar que vivimos todavía bajo el influjo de la revolución sexual que comenzó en los años sesenta del siglo pasado. En ella, se propugnó la fascinación de una libertad sin barrera alguna, de un impudor entendido como difusión de liberación, de una separación radical entre sexualidad y procreación por la extensión de los medios anticonceptivos. Al mismo tiempo se desarrolló una cierta “cultura de muerte”, debida sobre todo a la aceptación legal del aborto como un medio exigido por la libertad sexual que se preconizaba y que se ha convertido en un auténtico cáncer de nuestra sociedad, la primera de las “estructuras de pecado” que nos asedian.

Esta revolución ha provocado un profundo vacío y una necesidad de responder al desafío que se originó y que no ha encontrado todavía una clara contestación. En los últimos años la confusión sobre estos temas se ha agudizado progresivamente por la difusión desde ámbitos políticos e internacionales de la denominada “ideología del género”, que ha condicionado perniciosamente distintas legislaciones nacionales, en especial la española, y que puede resumirse al fin y al cabo en la separación radical entre el sexo y el amor. Dicha teoría, surgida de análisis sociológicos muy parciales, sostiene la absoluta separación entre el sexo, considerado como una realidad meramente biológica, manipulable por medios científicos y técnicos, y lo que se denomina “género”, que sería el modo concreto, personal y cultural de configurar el propio comportamiento sexual.

Aceptado este principio, se habría de reconocer, incluso legalmente, la igual dignidad de todos los géneros y, por consiguiente, la discriminación que supondría cualquier distinción entre los mismos. Con este argumento tan débil y falaz se ha extendido hasta extremos inimaginables todo un lenguaje de “género” que invade cada vez más hasta las más sencillas realidades vitales y cotidianas. A partir de estos presupuestos se rechaza la pretensión de que la diferencia sexual entre el varón y la mujer, sea una dimensión humana de máximo rango, y se llega al absurdo de oponerse a la obvia identidad sexual de la naturaleza humana, necesaria para realizar la historia personal del amor. Todo queda a merced de la satisfacción de los deseos subjetivos en una sexualidad ambigua que se considera maleable.

La reforma del Código Civil en materia de matrimonio, de 2005, ha redefinido y desnaturalizado el contrato matrimonial eliminando la diferencia sexual de los contrayentes como elemento esencial del mismo. Lo que el Código llama matrimonio no es ahora la unión de un hombre y una mujer. Las palabras “esposo” y “esposa” han sido sustituidas por el concepto genérico de “cónyuge” (A y B). De este modo, el ser esposo o esposa ha dejado de ser una realidad específicamente reconocida y protegida por la ley, como si lo que está en juego con esas palabras fuera una opción privada de algunos y no un bien público digno no sólo de ser definido y tutelado en cuanto tal, sino también de ser cuidado y promovido por las leyes. Es un ejemplo grave de cómo la ideología de género, cuando se convierte en ley, no propicia el respeto de los derechos de nadie, sino que lesiona los derechos de todos; en este caso, los derechos de todos los esposos y esposas actuales y futuros a ver reconocida, protegida y promovida su realidad. Esta legislación, al concebir el matrimonio como si fuera una mera relación afectiva, de hecho ha dejado de reconocer la institución matrimonial, que se define más bien por los bienes que aporta a la sociedad, a saber: la complementariedad de los sexos en su diferencia y la fecundidad del amor conyugal.

El desafío enorme que provoca la perniciosa “ideología del género” en todos los ámbitos de la sociedad se agrava aún más en la actualidad en la medida en que se quiere introducir por todos los medios en el ámbito educativo, incluso sin contar para ello con el consentimiento de la familia. Está claro que esto llevaría a un triunfo casi definitivo de esta ideología.




b) Las raíces: secularización del matrimonio




Si éstas son las señales principales del desafío cultural con el que nos encontramos, no podemos pasar por alto sus raíces aún más profundas. Estas son las que, al minar por dentro la percepción del plan de Dios sobre el amor entre hombre y mujer, han dejado a nuestra sociedad inerme ante el acoso de un sexo convertido en simple objeto de consumo. Así se configura una cultura verdaderamente “pansexualista”, que desprecia a todo aquel que quiera introducir una valoración moral respecto a algunos modos de comprensión de la sexualidad.

Posiblemente, la causa primera de esta debilidad estriba en un hecho fundamental del cual los cristianos no somos del todo conscientes. Se trata de la hegemonía, incluso entre los fieles, de una idea secularizada del matrimonio. Esto es, se considera que la presencia de Dios en el amor entre un hombre y una mujer es algo accesorio, que los contrayentes “ponen” por su propia voluntad como un añadido a un amor que sería completo por sí mismo, sin más horizonte que el formar una convivencia satisfactoria para ambas partes. Esta valoración surge por vez primera con la Reforma en el siglo XVI, y significa una ruptura respecto al hecho comprobado de que las culturas de todos los tiempos han considerado el matrimonio una realidad sagrada. En todas las culturas se ha reconocido valor trascendente a la unión abierta a la vida de un hombre con una mujer hasta el punto de que se ha ratificado mediante una manifestación pública de su significado religioso. Detrás de la propuesta secularizadora dominante en la actualidad, podemos ver la perniciosa separación que existe en la mente de muchos entre el eros humano y el agape divino, como si no hubiera comunicación entre ellos. El Papa, al señalar la unidad profunda de ambos en el plan de Dios, nos indica al mismo tiempo que es fundamental la superación de esta postura para poder llevar a cabo una auténtica evangelización. Si Dios no habla al corazón del hombre por medio del amor humano, es decir, si se quita del amor personal el valor trascendente que contiene, la revelación divina será ajena a lo genuinamente humano. En definitiva, Cristo no sería la plenitud del hombre, ni tampoco de su amor esponsal.

Son muchas las personas que perciben el valor sacramental del matrimonio como algo ajeno al amor que les une, el cual sería válido por sí mismo. No descubren ni viven en consecuencia el profundo valor de misterio que envuelve su amor conyugal. De esta forma, el peligro de encerrarlo en un intimismo a merced de la debilidad de una simple interpretación romántica del amor es muy grande.




c) La privatización del amor




Podemos ahora entender de qué modo la consecuencia inmediata de la secularización del matrimonio ha sido la privatización del amor. Este ha sido un fenómeno de inmensas proporciones. Dentro del proceso de subjetivización de la fe, considerada por la modernidad como algo irracional que debe reducirse a lo íntimo de la conciencia y sin relevancia social alguna, el valor trascendente del amor ha sufrido un gran deterioro. Se ha considerado el amor como una realidad también irracional, valiosa sólo en la intimidad. De hecho, se han ido suprimiendo cuidadosamente todas las referencias al amor en el ámbito público: la política, las relaciones sociales, la economía. De aquí proviene el hecho de considerar que las cuestiones sobre el matrimonio y la familia no pertenecen a la moral social, sino a la privada, por lo que un radical pluralismo cultural en este punto no tendría consecuencias sociales apreciables. El Papa Benedicto XVI nos advierte de la falacia de pretender fundar la sociedad sin apoyo alguno en el amor y de la perniciosa idea de una concepción dialéctica entre amor y justicia, como si el primero fuera importante en el ámbito privado y el segundo en el público. Es un hecho notorio que el subjetivismo ha debilitado el amor de tantos esposos, y la simple justicia, entendida de un modo meramente procedimental, no ha sabido ayudar a una valoración de los bienes sociales que la familia aporta a la sociedad. Más bien, se han querido resolver los problemas crecientes que brotan de matrimonios rotos, familias desestructuradas y la violencia doméstica consecuente, con medidas que acentúan todavía más esta privatización, con lo que el mal todavía se agrava considerablemente.

Con esta breve reflexión podemos comprender mejor la profundidad de la cuestión y el enorme alcance de sus consecuencias a todos los niveles: personal, familiar y social. Una vez más, emerge la evidencia de que nos encontramos ante un punto central de la evangelización: callar ante este desafío cultural al que se enfrenta el cristianismo sería una traición a la misión recibida del mismo Cristo de dar testimonio de su amor en medio del mundo.




d) El sujeto emotivo utilitario, un sujeto débil




Miremos ahora a los que sufren las consecuencias de esta situación. Me refiero a la multitud de personas que ven rotas sus vidas, a las mujeres que se han visto impulsadas al crimen del aborto, a los niños con carencias afectivas graves, que incluso tantas veces son objeto de abusos sexuales, a la extensión creciente de la violencia doméstica, a los adolescentes sin ilusión, avejentados prematuramente y sin fuerza para poder construir una vida verdaderamente humana. Es un sufrimiento de inmensas proporciones, sin duda una de las “nuevas pobrezas” de nuestra sociedad, y una de las más graves. Hay que reconocer además que no siempre los cristianos hemos sabido dar respuesta como Iglesia a estas personas dolientes.

El drama mayor es siempre el que sucede en la persona concreta. Por eso, no podemos terminar esta mirada sobre la situación actual sin darnos cuenta de qué modo le afecta al hombre en su ser más íntimo la ambigüedad cultural de la que he hablado. El influjo cultural tiende a formar un hombre fragmentado que vive de modo diverso en el ámbito público y el privado. En el primero, se desenvuelve de una forma pragmática con una capacidad notable de llegar a acuerdos de intereses, esto es, desde una racionalidad fundamentalmente utilitaria. En cambio, esta misma persona, en lo más íntimo, está cada vez más dominada por sus emociones. Convencida por el subjetivismo de que la felicidad consiste en dar satisfacción a todos sus deseos, no sabe dirigirlos, y su vida íntima se siente dominada por ellos. Por eso mismo, empieza a desconfiar de su amor que siente vacilante y vive muy inseguro ante cualquier compromiso que le suponga una entrega. La fascinación de una libertad sin límites queda en él progresivamente enturbiada por una sensación de esclavitud, de pérdida de lo que más desea en su vida sin saber muy bien el porqué. A este sujeto, definido como emotivo y utilitario, le es muy difícil comprender los aspectos más básicos del Evangelio, y oscurecido muchas veces por las frustraciones que experimenta en su vida, llega incluso a sospechar con resentimiento de que el anuncio del matrimonio y la familia no es una buena noticia para él.

En fin, y ésta es la más clara manifestación de la profundidad del desafío ante el que nos hallamos, todo acaba en la soledad, posiblemente el peor mal de nuestra sociedad individualista. La afirmación no admite discusión: “no es bueno que el hombre esté solo” (Gn 2,18), y la primera palabra de Dios para sacar al hombre de la soledad fue el reconocimiento del amor humano lleno de una dimensión de entrega (Gn 2,24). Se hace evidente entonces la urgencia de articular una respuesta en un tema que afecta de tal manera a lo central del Evangelio.

Detrás de estas debilidades es preciso reconocer las profundas carencias debidas a un sistema educativo que dificulta tantas veces la madurez personal y afectiva de los jóvenes. Se ha alargado la adolescencia hasta tal punto de que muchas personas llegan al matrimonio con un amor inmaduro y temeroso ante el futuro. Esto indica, al mismo tiempo, hasta qué punto resulta especialmente difícil a las familias llevar a cabo su tarea educativa, por falta de ayuda y por sentirse muchas veces desautorizadas por determinadas concepciones sociales y por algunas propuestas educativas.




e) Una posibilidad abierta en nuestra sociedad




Ante este panorama de nuestra sociedad, no podemos concluir que todo son dificultades. Más bien, por la misma gravedad de la crisis, se constata que en la actualidad empieza a darse una necesidad pública de hablar de la familia y de ayudarla. Ha pasado de ser un tema sin repercusión alguna en los intereses políticos, a que se reconozca que debe ser tenida cada vez más en cuenta. Crece, pues, la conciencia de que son estos los problemas que más preocupan a los ciudadanos.

Es cierto que esto se realiza, como hemos visto, dentro de unas claves ideológicas negativamente radicalizadas, pero se ha de considerar esta coyuntura como una llamada urgente a anunciar por parte de la Iglesia la verdad en la que tantos hombres se reconocen y en la que necesitan ser confirmados. Así hemos podido experimentar con gozo la impresionante respuesta que existe en las personas cuando se presenta con claridad la propuesta cristiana. Es verdad que despierta incomprensiones, pero este hecho es una comprobación clara del carácter ideológico de determinada cultura actual, que fomenta además un peligroso resentimiento. Ante esta situación, sólo una mirada de misericordia (cfr. Mt 9,36) puede vencer y sanar el sufrimiento y abandono que padecen muchas familias.




3. Unión de fe y vida: la vocación al amor




El marco en que debemos situar la propuesta diocesana de la pastoral familiar lo ofrece con gran lucidez el Concilio Vaticano II cuando asegura: “La ruptura entre la fe que profesan y la vida ordinaria de muchos debe ser contada como uno de los más graves errores de nuestro tiempo”. Cuando la fe no se percibe como una luz que permite al hombre guiarse en los aspectos fundamentales de la vida; cuando en ella los cristianos no saben obtener respuestas para los grandes desafíos que encuentran en tantos momentos; cuando los jóvenes no hallan en ella criterios que les permita comprender su propia sexualidad; entonces, o se abandona la fe porque resulta irrelevante o se la vive mezquinamente recluida en un pequeño ámbito y sin repercusión alguna en la vida. Es más, en estos temas vitales, hasta personas que se sienten pertenecientes a la Iglesia, e incluso participan en acciones pastorales y catequéticas, piensan que es difícil en ocasiones vivir las exigencias que plantea la obediencia a la Iglesia; son muchas las que las asumen como una carga penosa, que no desean poner en los hombros de los demás. En fin, se da también el caso de las que se contentan con vivirlo en pequeños grupos cerrados como forma de contrarrestar el impacto de una cultura hostil, pero que pierden el impulso apostólico y se sienten a veces amenazadas por el desánimo de la incomprensión y la tentación del aislamiento.




a) Conocer el corazón del hombre




La magnitud del desafío y la desorientación de muchos no pueden hacernos perder la sabiduría del Evangelio que consiste en el profundo conocimiento del corazón del hombre. Las reacciones anteriores son lógicas si se percibe la fe como otra ideología más y no como una vida nueva que responde al deseo más profundo de los hombres. Cualquiera que haya evangelizado en este campo, habrá experimentado que las personas, al hablarles con sinceridad de estos temas, se sienten comprendidas y se les abre un horizonte nuevo de existencia. Es decir, es un ámbito en el que la novedad del Evangelio se puede percibir con una especial claridad. En una sociedad que despierta todo tipo de deseos y ofrece colmarlos con satisfacciones inmediatas, el conocimiento verdadero del deseo humano es una ayuda preciosa al hombre confuso y sin dirección. Sólo así puede descubrir el sentido real de la salvación que Dios le ofrece, aunque para ello deba “purificar sus deseos y sus esperanzas” y “liberarse de las mentiras ocultas con que se engaña a sí mismo”.

Ciertamente, para llegar al corazón del hombre es necesario afrontar toda la importancia de la acción evangelizadora con profundidad, saber llevar a las personas al encuentro con Cristo Salvador. No siempre nuestras estructuras mentales y pastorales responden adecuadamente a algunas de las cuestiones que surgen en este campo pastoral ni nos mostramos suficientemente cercanos a las personas.




b) La vocación al amor




El eje central de cualquier pastoral familiar no consiste en una sucesión de actuaciones, ni en una adecuada interrelación entre las mismas, sino en comprender realmente el plan de Dios sobre cada hombre, un plan que afecta a la historia de amor personal que cada uno ha de saber construir. En definitiva, toda pastoral familiar debe orientarse a descubrir y a realizar la vocación al amor de todo hombre y de toda mujer. Así lo presentó Juan Pablo II en su primera encíclica resaltando la verdad del evangelio: “El hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente.”

Se trata, por tanto, de secundar la iniciativa divina: es Él el que quiere encontrarse con cada hombre para revelarle el plan de amor al que le llama. Lo hace del modo más adecuado al hombre: llama con “lazos de amor” (Os 11,4). El amor se percibe así como una llamada que implica siempre la propia libertad; de esta forma es el otro el que despierta mi libertad y no es un límite de la misma. Nos encontramos ante un amor que invita y capacita a construir una vida que ilumina por consiguiente la auténtica identidad humana. El hombre “no sabe quién es” si no ama, si no ama de un modo que descubre a quién entregar su vida por amor. Es el centro mismo del Evangelio, visto desde la iniciativa de un Dios que interviene desde dentro en la historia de los hombres. Es verdad: “el hombre, la única criatura en la tierra que Dios ha amado por sí misma, no puede encontrarse plenamente a sí mismo sino en el sincero don de sí”.




c) Creer en el amor: ser hijo, para ser esposo y ser padre




La revelación del amor ilumina nuestra vida y nos permite interpretar la diversidad de nuestras experiencias en la medida en que conducen a una vida plena. Se trata de un amor que experimentamos en nuestra carne, que afecta todo nuestro ser, incluido el cuerpo. De este modo, integra las capacidades sexuales humanas, de forma que sólo en la respuesta a este amor, a esta vocación originaria, se puede decir con exactitud que el hombre encuentra su nombre (cfr. Gn 2,18-24), esto es, su verdadera identidad. La identidad humana se realiza en los distintos tiempos de su vida unidos por una lógica de amor. Así se ha de comprender la vocación al amor a partir de los tres pasos siguientes: “ser hijo, para ser esposo y llegar a ser padre”. Esta es la verdad original contenida en el corazón del hombre y que alienta sus esperanzas en medio de dificultades y sombras. Es en ella donde el hombre puede “encontrarse a sí mismo”, ser consciente de su misión, y responder a la cuestión inicial: “¿Qué dices de ti mismo?” (cfr. Jn 1,22). Por eso mismo, en esta vocación al amor se encuentra toda la verdad de la pastoral familiar de la Iglesia.

Comprendemos, pues, la importancia decisiva de la revelación del plan de amor de Dios que nos hace exclamar: “hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él” (1Jn 4,16). Se trata de la revelación de un amor capaz de sanar las heridas de un hombre abatido y sin fuerzas (cfr. Lc 10,30); y que lo transforma en lo más profundo al hacerlo hijo de Dios (Jn 1,12; 1Jn 3,1). Es el amor de Cristo como esposo (cfr. Jn 3,29), que asume en sí el amor esponsal de todo hombre, ya sea conyugal o virginal, y nos ayuda a descubrir también el amor de la Iglesia. Por último, la presencia del Espíritu Santo santifica el amor y lo convierte en un amor fecundo que transmite una vida nacida del don de Dios y que “salta hasta la vida eterna” (Jn 4,14).




d) El don de los hijos y la fecundidad

El invierno demográfico que viene padeciendo España no es sólo un preocupante dato sociológico, remite también a lo que podemos llamar la crisis del amor. Los hijos son el fruto más granado del amor conyugal. Una sociedad que goza de una bonanza económica y sanitaria nunca vista y que, sin embargo, no tiene hijos y envejece de modo igualmente nunca visto –fenómeno único en la historia– ha de preguntarse por el vigor del amor y de la verdad de la vida conyugal.

El amor conyugal es verdadero y vigoroso cuando está abierto al don de los hijos. “Existe una unidad lógica entre el don de sí y la vocación a formar la comunidad familiar”, es decir, a recibir los hijos, ya que tal vocación va implicada en la aceptación plena del esposo o de la esposa en su integridad personal, con inclusión de su posible ser padre o madre. “En la trascendencia de la misión familiar del matrimonio y de la dimensión personal de la fecundidad está la raíz primera de la irrevocabilidad de las relaciones matrimoniales y familiares”.

La aceptación social del aborto, masiva y “legalmente” practicado, la manipulación caprichosa e irrespetuosa de la vida humana que se da en la producción de seres humanos en los laboratorios, así como la esterilización de las relaciones conyugales por los diversos caminos de la contracepción son, en el fondo, aspectos diversos del drama de la negación de la verdad del amor conyugal, que sólo podrá ser superado mediante el cultivo del amor de los esposos en toda su exigencia y en toda su belleza.




4. En la comunión de la Iglesia: “mirad como se aman”




No es sencillo responder personalmente a la invitación que supone la vocación al amor; tampoco es fácil a la Iglesia diocesana descubrir y ordenar todas sus potencialidades para ayudar a los hombres de nuestro tiempo en esta fascinante tarea de aprender a amar. Pero no podemos renunciar al esfuerzo de hacer nuestra la misión que el mismo Señor nos ha concedido como un don. El amor mutuo es señal del discípulo de Cristo (cfr. Jn 13,35) y lo convierte así en testigo del amor divino que nos salva.

No se puede llevar a cabo la ingente tarea de una pastoral centrada en la vocación al amor sino desde la profunda convicción de vivir la Iglesia como misterio de una comunión de amor. Aquí radica nuestra credibilidad, como nos recuerda el Maestro: “Que sean uno como Tú Padre en mí, y Yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea” (Jn 17,21).




a) Una llamada a toda la Iglesia diocesana




Esta misión pastoral es una invitación a toda la Iglesia diocesana, pastores, consagrados y fieles laicos, cada uno con su propio carisma y dedicación. Redescubrir la propia vocación al amor vivida gozosamente en la Iglesia es el modo de hacer de nuestro testimonio la manifestación de un amor más grande que nosotros mismos. La pastoral familiar es así un signo especialmente manifiesto y creíble del amor que Cristo como Esposo ha concedido a su Iglesia (Ef 5,25).

Si la Iglesia manifiesta en la Eucaristía la unidad con Cristo esposo y se edifica como Cuerpo al alimentarse del Cuerpo de Cristo, «La Eucaristía corrobora de manera inagotable la unidad y el amor indisolubles de cada matrimonio cristiano». De hecho, la fidelidad en el amor es un testimonio indiscutible del don que supera la “dureza de corazón” (cfr. Mt 19,8), y que permite comprender y vivir la indisolubilidad como manifestación del plan de Dios y la fuerza de la gracia. En realidad, es el amor esponsal de Cristo el que conforma a la misma Iglesia “para presentarla a sí mismo resplandeciente, sin mancha ni arruga, sino santa e inmaculada” (Ef 5,27). Cuando se olvida testimoniar el amor, las acciones pastorales pueden quedar regidas por una lógica de mera efectividad o de corrección formal que está condenada a la esterilidad.

La Iglesia misma como “misterio de comunión” tiene la misión de hacer realidad este amor entre los hombres, convirtiéndoles en “hombres de comunión”. A ello nos invitaba Juan Pablo II al comienzo de este nuevo milenio al proponernos a todos los cristianos lo que el denominaba una “espiritualidad de comunión” como el fundamento primero de toda actividad pastoral en la Iglesia.




b) Cooperación de presbíteros y matrimonios




En este campo de la pastoral matrimonial es esencial la cooperación franca y decidida entre los presbíteros y los matrimonios. Es ejemplar la unión pastoral que se estableció entre Pablo y el matrimonio de Aquila y Priscila; en ella tenemos un modelo a seguir de la fecundidad de esta coordinación de carismas en una misma misión. El sacramento del orden y el del matrimonio aparecen implicados mutuamente en la misión de la Iglesia como signos sacramentales y fecundos de la esponsalidad eclesial. Es esencial que exista una comunión afectiva y efectiva entre ambos, para que la Iglesia pueda ser cada vez más “una gran familia”, la de los hijos de Dios.

De este modo los presbíteros pueden sentirse renovados en su ministerio dirigido a fomentar y alimentar la vocación al amor de todo hombre, ofreciéndole las fuentes de la gracia, la caridad, el apoyo y consejo necesarios para aprender a amar. No se puede entender la pastoral familiar como un peso más que se encomienda a los sacerdotes, ya excesivamente cargados de trabajo; sería un modo inadecuado de comprender la cooperación anterior. Antes bien, consiste en un cambio de mentalidad tal que los sacerdotes sepan acoger una ayuda fundamental en su misión con las familias, que necesitan a su vez el apoyo real del sacerdote en los sacramentos y el consejo. Este es un aspecto tan decisivo que, sin él, todas las demás iniciativas pueden resultar infructuosas.




c) Coordinación entre parroquias, movimientos y consagrados




Atender a las familias con la complejidad de los problemas que las atenazan requiere la unión de criterios y de acción. No siempre nuestras estructuras pastorales son capaces de responder a esta verdad de la familia y al dolor de tantas personas que necesitan ayuda. Las familias todavía no perciben la cercanía de la Iglesia a las dificultades que viven y, al querer resolverlas por sí solas, se ven débiles y enredadas en un entorno que no las ayuda a afrontarlas, sino que les facilita falsas soluciones. Dentro de la comunión de la Iglesia, en esta misión de anunciar y favorecer la vocación al amor, hemos de cuidar al mismo tiempo la cercanía a la familia y la ayuda adecuada. Esto supone necesariamente una tarea especial de coordinación entre las parroquias, los movimientos y los consagrados.

Como nos recordaba Benedicto XVI en la inolvidable jornada de Valencia: “es muy importante la labor de las parroquias, así como de las diversas asociaciones eclesiales, llamadas a colaborar como redes de apoyo y mano cercana de la Iglesia para el crecimiento de la familia en la fe”. Toda parroquia debe ser un “lugar de acogida para las familias” en la que tengan el protagonismo que les corresponde. Para su realización y eficiencia es preciso que cuenten con una ayuda coordinada, ya sea del arciprestazgo, de la vicaría o de la delegación de pastoral familiar, para atender o saber orientar a las personas en sus distintas necesidades. Dada la estructura de nuestra diócesis, se percibe la necesidad de una potenciación de la ayuda que se pueda prestar desde las vicarías, lo cual nos lleva a pensar en el modo más eficaz de llevarlo a cabo.

Gracias a Dios y, sin duda, por una especial intervención de Espíritu Santo, son muchas las personas que en nuestra diócesis trabajan con generosidad y preparación en la ayuda y promoción de la familia. En especial, es de justicia agradecer a tantas asociaciones y movimientos la gran labor que han realizado en este ámbito, con el cuidado de una espiritualidad matrimonial, la insistencia en el matrimonio como vocación, el fomento de la solidaridad entre las familias, la evangelización directa sobre temas familiares, la profunda formación cristiana de los novios y la inmediata de preparación de los matrimonios, la atención a tantos problemas y sufrimientos de familias enteras en dificultades, las que sirven tan generosamente al “Evangelio de la vida”. Pero muchas veces la efectividad de estas iniciativas queda reducida a un ámbito privado, sin una repercusión social clara, lo que impide la toma de conciencia del valor real del matrimonio y la familia y de las ayudas que necesitan. En verdad, existen ahora caminos nuevos de intervención pública a favor de la familia que se van desarrollando con rapidez y que deben recibir un apoyo decidido de la comunidad eclesial diocesana. Pero, al mismo tiempo, hay que hacer una llamada a las asociaciones y movimientos para un mejor conocimiento mutuo y de la propia misión, para superar algunos individualismos y facilitar caminos comunes de acción que respeten la especificidad de cada carisma.




d) Una reflexión común y el empeño en la formación




Evidentemente, un panorama de tanta importancia ha de ser motivo para una reflexión común a todos los niveles: sacerdotes y matrimonios, parroquias, vicarías, movimientos y consagrados. Todas las iniciativas en este sentido serán una ayuda preciosa en este camino por recorrer. En todo caso, será necesario contar con algunos materiales concretos que permitan llevar a cabo esta toma de conciencia dentro de una comunión eclesial real, dialogante y misionera.

No se puede hablar de nueva evangelización sin nuevos evangelizadores. En el campo específico de la familia se percibe con una especial claridad que no basta con la buena intención. Ante la gravedad de los desafíos que se presentan es precisa una formación específica que permita descubrir el evangelio del matrimonio y la familia como auténtica buena noticia que contiene en sí misma la capacidad de vivir la historia de amor fiel, indisoluble y fecundo. Hemos de saber vivirla como expresión eficaz de una comunión verdadera en la verdad del Evangelio, en fidelidad al Magisterio y con un horizonte apasionante de misión. Ha de ser una formación sistemática y profunda a todos los niveles y que alcance a todos los llamados a esta tarea: sacerdotes, colaboradores y matrimonios. En ella se han de repasar los fundamentos teológicos y antropológicos del matrimonio y la familia para responder con convicción renovada a los desafíos culturales y a los problemas reales de las familias. Es imprescindible, por tanto, una sólida formación moral en estos temas, que permita iluminar a tantas personas confusas y envueltas en un relativismo agobiante. Confiamos a la Facultad de Teología “San Dámaso”, a los Institutos de Familia presentes en nuestra diócesis y a la escuela de agentes de pastoral esta urgente tarea que debe ser coordinada eficientemente.




5. Testimonio de esperanza




La pastoral familiar consiste de un modo peculiar en devolver a los hombres la confianza en el amor capaz de construir una vida. Hemos visto la urgencia de la necesidad de formar un sujeto cristiano, ante la fragilidad de tantas personas en este campo. Es el amor verdadero, que se recibe como una promesa, el que permite vivir de esperanza. En un mundo que vive de lo inmediato, y que cifra sus esperanzas en las soluciones técnicas o los acuerdos sociales, se ha perdido la genuina esperanza nacida del amor. Mira con temor al futuro y le cuesta prometer un amor “para siempre”. Es aquí donde se ha de centrar el anuncio y acompañamiento de la Iglesia, que es experta en vivir la esperanza nacida de las promesas de Dios que llegan a lo más íntimo del amor humano. Se trata, por tanto, de acompañar a todo hombre a vivir su vocación al amor en las distintas circunstancias de su vida.




a) Preparación remota y próxima al matrimonio




Esta esperanza comienza en la renovación profunda de la preparación al matrimonio. No se puede centrar exclusivamente en el curso prematrimonial que se ofrece en el momento en el que los novios ya han decidido casarse cuando resulta difícil afrontar sus muchas carencias. Hay que saber renovar la denominada preparación remota y la preparación próxima, donde se pueden abordar las cuestiones fundamentales que afectan al matrimonio y la familia.

Nuestro amor nace como respuesta a un amor recibido que nos antecede (cfr. 1Jn 4,10.19), y asumirlos en profundidad nos permite comprender de qué modo somos introducidos en la historia de amor de Dios que es anterior a nosotros. La mejor forma de prepararse a ser esposo es siendo buen hijo, consciente de ser hijo de Dios.

Es necesario cuidar con esmero la educación familiar de los niños, ofreciendo a las familias la ayuda para afrontar cuestiones que tantas veces las superan o que no saben cómo atender por sentirse confusas. Es el modo de formar las disposiciones estables y transmitir las convicciones que sean las bases para la construcción de la propia vida. Un punto imprescindible es la formación afectivo-sexual que todo preadolescente debe recibir, ya sea en un ámbito escolar o parroquial, siempre como una ayuda a los padres que son los primeros responsables de la misma. Debe consistir en un verdadero curso e incluir un acompañamiento personal y no reducirlo simplemente a unas charlas. Se trata de devolver a las familias su auténtica misión y prestarle el apoyo necesario en un momento en el que se encuentran en tantas ocasiones casi abandonadas.

Un momento específico de atención es la catequesis de los niños en la que se ha de intentar llegar a las familias, para que intervengan activamente en ella y los padres puedan asumir su papel de ser los primeros educadores de la fe de sus hijos. No puede faltar a ninguna catequesis una explicación detallada del plan de Dios sobre el matrimonio y la familia y se ha de potenciar en la medida de lo posible la catequesis familiar.

Igualmente, tal como el año pasado se ha intentado fomentar en toda la diócesis, es muy necesario cuidar el paso de los jóvenes al matrimonio de forma que sepan vivir el noviazgo como un auténtico tiempo de gracia, en el que Dios les está hablando a través del amor humano para una entrega singular llena de atractivo humano y presencia de Jesucristo. Cualquier pastoral juvenil debe acabar en una profunda comprensión de la vocación al amor y del modo cristiano de vivir el amor humano en la totalidad de su entrega. Sin ello, la separación entre la fe y la vida sería inevitable.




b) Cursos prematrimoniales




Sin estos dos pasos anteriores se observa un progresivo alejamiento de la vida eclesial de las personas que piden contraer matrimonio. Acoger la petición de unos novios para contraer matrimonio es un momento de difícil discernimiento cuando se trata de personas con una preparación espiritual casi nula y humana deficiente. Es importante en todo caso ofrecer en la preparación inmediata al matrimonio consistente en los cursos prematrimoniales y el encuentro con el sacerdote, el anuncio del Evangelio que les permita descubrir la presencia de Cristo en sus vidas, y la belleza que supone integrarse en una historia de amor que contiene una promesa de Dios. Es un punto destacado en el Sínodo y en el que la coordinación de los cursos es esencial. Como la experiencia enseña, es un tiempo muy constructivo en el que las personas agradecen sentirse escuchadas y permite ofrecer una nueva imagen de la Iglesia atenta a las necesidades reales de las personas.




c) Primeros años de matrimonio




Naturalmente, esto incluye el acompañamiento a los matrimonios en sus primeros años de casados. Son los momentos en los que hay que saber construir una convivencia, una tarea que no siempre resulta fácil por las jornadas laborales, los obstáculos también interiores para una comunicación profunda, la prevención a tener hijos pronto, un cierto individualismo de fondo, y, sobre todo, el no saber vivir el perdón entre los esposos, que hace que se acumulen ofensas y se sientan cada vez más distanciados el uno del otro. La cercanía de otros matrimonios y la ayuda pastoral es vital para saber renovar el amor conyugal en esos momentos. De otro modo, hemos de lamentar rápidas crisis y decisiones precipitadas. Pero, sobre todo, hay que evitar que personas, que en verdad han puesto su esperanza en la Iglesia, se sientan abandonadas. Es importante la acogida en nuestras comunidades de estos hermanos nuestros tan necesitados de apoyo y comprensión.

Un momento relevante de acción pastoral es la acogida de los padres al pedir el bautizo de sus hijos. La comunidad parroquial debe saber extremar la acogida de los padres para que comprendan la vida de fe en comunidad y su responsabilidad de la educación de la fe del nuevo bautizado.




d) Un “corazón que ve”




La construcción de la auténtica “comunidad de vida y amor” que es el matrimonio, requiere siempre la “purificación del corazón”. Así nos lo recordaba el Siervo de Dios Juan Pablo II cuando hablaba de la “redención del corazón” como un paso imprescindible para la vocación al amor. De nuevo nos lo ha señalado Benedicto XVI al insistir en el “corazón que ve” como una exigencia interna del amor, que supera el nivel de lo meramente afectivo y permite llegar a conocer la capacidad propia del amor para construir una vida.

La familia se ha de llamar así “esperanza de la sociedad”, pues es en ella donde se vive de un modo especial el hecho de entregar la vida para dar una vida abundante (cfr. Jn 10,10). Cultivar esta esperanza es ahora una urgente llamada a la atención a las familias en los distintos momentos de su vida.

“Ver” significa aquí desarrollar una especial sensibilidad hacia el amor humano dentro de la niebla que extienden las ideologías. Al mismo tiempo, es saber reconocer las necesidades de la vocación al amor y ser capaz de encontrar caminos para vivirla con plenitud. El Papa lo pide especialmente para las personas que colaboran en las actividades caritativas de la Iglesia, de las cuales la pastoral familiar es una acción eminente. Nunca podemos perderlo de vista, porque es un requisito imprescindible para afrontar el desafío que se vive en estos temas del amor humano.




e) Situaciones difíciles e irregulares




Esta atención debe llegar siempre a las familias que sufren la pérdida de un ser querido, las que se hallan en una situación de ruptura, con todas las dificultades sobrevenidas de divorcios, en especial en lo que respecta a la sana educación de los hijos, los abandonos, todo género de violencias, etc. Es un campo enorme y siempre creciente de situaciones que requieren una ayuda específica y que no siempre está al alcance de los sacerdotes o incluso de la comunidad parroquial poder ofrecerla. Por eso se ha de ver el modo de coordinar la actividad de los Centros de Orientación Familiar ya existentes y cuidar la creación de otros nuevos que permitan una ayuda real y efectiva a estos casos que, como la experiencia enseña, si existe buena voluntad por ambas partes y llegan en el momento adecuado, se pueden resolver casi siempre felizmente. En este punto la comunión eclesial es especialmente importante, para actuar en concordancia con el Magisterio de la Iglesia y bajo la guía de sus pastores. No son válidas las soluciones simplistas que en general ocultan el centro del problema. La real atención de estas situaciones es muy importante para la presencia y la imagen de la Iglesia ante los hombres.




f) La dimensión social y la atención a los emigrantes y ancianos




Toda esta labor no sería del todo fructífera si no llega a influir en las estructuras sociales, lo cual incluye el fomento de verdaderas políticas familiares, que recojan y valoren el protagonismo real de la familia en nuestra sociedad. Todo ello requiere la atención a los medios de comunicación, la formación de profesionales en lo que concierne a los temas familiares como es el caso de ginecólogos, especialistas en cuidados paliativos, abogados, psicólogos, siquiatras. En todos estos campos se juega la recuperación de la valoración social del matrimonio y la familia y el reconocimiento real de los bienes que aporta a la sociedad. Hay que tener siempre en cuenta las cuestiones principales de este ámbito como son la compatibilidad entre trabajo y familia, el problema de vivienda y el reconocimiento de la responsabilidad de los padres en la educación.

En este vasto panorama el protagonismo es fundamentalmente de los laicos y las familias. Son los competentes para hacer conocer y proponer nuevas soluciones a los múltiples problemas que les agobian. El fomento de la participación ciudadana es indispensable para el buen funcionamiento de nuestra sociedad. En esta labor además los laicos se verán apoyados por muchas personas de buena voluntad que comparten las mismas inquietudes.

Dentro del campo social un problema de grandes dimensiones es el de las familias de los inmigrantes. En muchos casos, arrastran la situación dramática de una dolorosa separación familiar, el vivir en condiciones indignas para una familia, el fenómeno de desarraigo y de falta de adaptación ante modos distintos de vivir. Todo ello produce unos efectos nocivos sobre estas familias y un alto grado de desestructuración de las mismas. Hay que saber atender las características especiales de estos casos, especialmente dolorosos. En la medida de lo posible deberían encontrar en la Iglesia el hogar familiar que les ayude a vivir con estabilidad y confianza.

No podemos olvidarnos de las dificultades de los ancianos, que aumentan por el crecimiento de la edad media de nuestro país. Se ha de aprovechar la capacidad y experiencia de vida de estas personas para que se sientan útiles. En la actualidad son muchas veces los abuelos los que ayudan de un modo más eficaz a la transmisión de la fe y a la solución de los problemas de sus familias. Atenderlos en sus necesidades, tanto físicas como afectivas, es el testimonio de una caridad que permanece.




6. Madre del amor hermoso




“Familia, tú eres gaudium et spes! ¡Tú eres el gozo y la esperanza!”. Así terminó su discurso el Siervo de Dios Juan Pablo II en aquel primer Encuentro Mundial de las Familias. Reconocía en la familia esa vitalidad asombrosa y fecunda en la que se encienden las esperanzas de los hombres. Este asombro esperanzado tiene su origen en el reconocimiento de la belleza del plan de Dios que se realiza en el amor humano.

El “amor hermoso” es la razón más profunda de la “santa esperanza” (cfr. Sir 24,17) que la Iglesia reconoce en la sabiduría divina y humana cuyo modelo más brillante es María. A Ella, en la advocación de La Almudena, que desde hace siglos guarda los muros de nuestra Villa como los de un hogar, dirigimos los deseos y las ilusiones de las familias de nuestra diócesis y a Ella le pedimos que nos abra los caminos de esta nueva evangelización a la que nos sentimos llamados. “¡Muestra que eres Madre!”.

sábado, 11 de octubre de 2008

Angelus 21/09/2008

VATICANO - "Trabajar por el Señor es ya una recompensa en esta tierra" recuerda Benedicto XVI en el ángelus; llamamiento por los Países caribeños y para que en la próxima reunión de la ONU se apliquen las medidas necesarias para desarraigar la pobreza, el hambre, la ignorancia y las pandemias
Castel Gandolfo (Agencia Fides) - Antes de rezar la oración mariana del ángelus con los fieles reunidos en el Patio interior del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, el domingo 21 de septiembre, el Santo Padre Benedicto XVI ha comentado el Evangelio propuesto por la liturgia dominical, dónde Jesús narra " la parábola del dueño de la viña que, en diferentes horas del día llama a obreros a trabajar en su viña. Y al terminar el día da todos el mismo salario, un denario, suscitando la protesta de los obreros de la primera hora". "Está claro que el denario representa la vida eterna - ha explicado el Papa -, don que Dios reserva para todos… Un primer mensaje de esta parábola está en el mismo hecho de que el dueño no tolera, por así decir, el desempleo: quiere que todos trabajen en su viña. Y, en realidad, el ser llamados es ya la primera recompensa: poder trabajar en la viña del Señor, ponerse a su servicio, colaborar en su obra, constituye en sí un premio inestimable, que recompensa de todo cansancio. Pero lo comprende sólo quien ama al Señor y a su Reino; quien, por el contrario, sólo trabaja por el salario nunca se dará cuenta del valor de este tesoro inestimable”.
San Mateo, apóstol y evangelista, que narra esta parábola, él mismo vivó esta experiencia, ha recordado el Santo Padre. "Antes de que Jesús le llamara desempeñaba la profesión de publicano y por este motivo era considerado un pecador público, excluido de la "viña del Señor. Pero todo cambia cuando Jesús, al pasar junto a su despacho de impuestos, le dice: "Sígueme". Mateo se levantó y le siguió. De publicano se convirtió inmediatamente en discípulo de Cristo. De "último" se convirtió en "primero", gracias a la lógica de Dios que - ¡por suerte para él! - es diferente a la del mundo". Benedicto XVI ha citado a continuación a San Pablo, quien experimentó la alegría de sentirse llamado por el Señor a trabajar en su viña. ¡Y cuánto trabajo hizo! Pero como él mismo confiesa, fue la gracia de Dios la que actuó en él, esa gracia que de perseguidor de la Iglesia le transformó en apóstol de las gentes… Pablo comprendió bien que trabajar por el Señor es ya una recompensa en esta tierra”.
Después del ángelus el Santo Padre ha lanzado dos llamamientos: " En las semanas pasadas, los países caribeños, en particular Haití, Cuba, la República Dominicana y el sur de los Estados Unidos, en especial Texas, fueron duramente golpeados por violentos ciclones. Quisiera asegurar de nuevo a todas esas queridas poblaciones mi especial recuerdo en la oración. Espero que lleguen cuanto antes las ayudas a las zonas más afectadas. Que el Señor haga prevalecer, al menos en estas circunstancias, la solidaridad y la fraternidad por encima de cualquier otro motivo". A continuación Benedicto XVI ha recordado que el 25 de septiembre, en el ámbito de la 63 sesión de la Asamblea General de la ONU, se tendrá un encuentro de alto nivel para verificar el cumplimiento de los objetivos establecidos en la Declaración del Milenio, el 8 de septiembre de 2000. " Con motivo de esta importante reunión, que congregará a líderes de todos los países del mundo, quisiera renovar la invitación para que se tomen y se apliquen con valentía las medidas necesarias para desarraigar la pobreza extrema, el hambre, la ignorancia y el flagelo de las pandemias, que golpean sobre todo a los más vulnerables. Un compromiso así - ha concluido el Pontífice -, si bien exige en estos momentos de dificultad económica particulares sacrificios, no dejará de producir importantes beneficios ya sea para el desarrollo de las naciones que tienen necesidad de ayuda del exterior ya sea para la paz y el bienestar de todo el planeta" (S.L) (Agencia Fides 22/9/20
Sínodo de los Obispos



Intervenciones en el Sínodo en la mañana del 10 de octubre
CIUDAD DEL VATICANO, sábado 11 de octubre de 2008 (ZENIT.org).- Publicamos la síntesis de las intervenciones que se pronunciaron en el Sínodo de los Obispos durante la octava congregación general que se celebró en la mañana del viernes, 10 de octubre.
* * *
- S. Em. R. Card. Vinko PULJIĆ, Arzobispo de Vrhbosna, Sarajevo, Presidente de la Conferencia Episcopal (BOSNIA-HERZEGOVINA)
- S. Em. R. Mons. Emmanuel FÉLÉMOU, Obispo de Kankan (GUINEA)
- S. Em. R. Mons. Joseph Mitsuaki TAKAMI, P.S.S., Arzobispo de Nagasaki (JAPÓN)
- S. Em. R. Mons. Andrzej Wojciech SUSKI, Obispo de Toruń (POLONIA)
- S. Em. R. Mons. Ján BABJAK, S.I., Arzobispo Metropolitano de Prešov, Prjašev para los católicos de rito bizantino, Presidente del Consejo de la Iglesia Eslovaca (ESLOVAQUIA)
- S. Em. R. Mons. Santiago Jaime SILVA RETAMALES, Obispo titular de Bela, Obispo auxiliar de Valparaíso (CHILE)
- S. B. R. Grégoire III LAHAM, B.S., Patriarca de Antioquía de los Greco-Melkitas, Jefe del Sínodo de la Iglesia Greco-Melkita Católica (SIRIA)
- S. B. R. Fouad TWAL, Patriarca de Jerusalén de los Latinos (JERUSALÉN)
- S. Em. R. Mons. Anthony MUHERIA, Obispo de Embu (KENIA)
- S. Em. R. Mons. Víctor Hugo PALMA PAÚL, Obispo de Escuintla (GUATEMALA)
- S. Em. R. Mons. Charles SORENG, S.I., Obispo de Hazaribag (INDIA)
- S. Em. R. Mons. Julio César TERÁN DUTARI, S.I., Obispo de Ibarra (ECUADOR)
- S. Em. R. Mons. Pablo Virgilio S. DAVID, Obispo titular de Guardialfiera, Obispo auxiliar de San Fernando (FILIPINAS)
- S. Em. R. Mons. György UDVARDY, Obispo titular de Marazane, Obispo auxiliar de Esztergom-Budapest (HUNGRIA)
- S. Em. R. Mons. Charles Maung BO, S.D.B., Arzobispo de Yangon (MYANMAR)
- S. Em. R. Mons. Vincenzo PAGLIA, Obispo de Terni-Narni-Amelia, Presidente de la Federación Bíblica Católica (ITALIA)
- S. Em. R. Mons. Jabulani NXUMALO, O.M.I., Arzobispo de Bloemfontein (SUDÁFRICA)
- S. Em. R. Mons. Jesús PÉREZ RODRÍGUEZ, O.F.M., Arzobispo de Sucre (BOLIVIA)
- S. Em. R. Mons. Musie GHEBREGHIORGHIS, O.F.M. Cap., Obispo de Emdeber (ETIOPIA)
- S. Em. R. Mons. Miguel Angel SEBASTIÁN MARTÍNEZ, M.C.C.I., Obispo de Lai (CHAD)
- S. Em. R. Mons. Joseph Mukasa ZUZA, Obispo de Mzuzu (MALAWI)
- S. Em. R. Mons. Antons JUSTS, Obispo de Jelgava (LETONIA)
- S. Em. R. Mons. Néstor Rafael HERRERA HEREDIA, Obispo de Machala (ECUADOR)
- S. Em. R. Mons. Eugène Lambert Adrian RIXEN, Obispo de Goiás (BRASIL)
- S. Em. R. Mons. Patrick Altham KELLY, Arzobispo de Liverpool (GRAN BRETAÑA)
- S. Em. R. Mons. Paolo PEZZI, F.S.C.B., Arzobispo de la Madre de Dios en Moscú (FEDERACIÓN RUSA)
- Revmo. P. Antonio PERNIA, S.V.D., Superior General de la Sociedad del Verbo Divino

Damos seguidamente los resúmenes de las intervenciones:

- S. Em. R. Card. Vinko PULJIĆ, Arzobispo de Vrhbosna, Sarajevo, Presidente de la Conferencia Episcopal (BOSNIA-HERZEGOVINA)

Quisiera detenerme a reflexionar sobre el capítulo séptimo: "La Palabra de Dios en los servicios y en la formación del pueblo de Dios ". En el espíritu de la Constitución Lumen Gentium, aquí se subraya con razón que "los fieles laicos comparten la misión salvífica que el Padre ha confiado a su Hijo para la salvación de todos los pueblos" (n. 51). Sostengo con todo mi corazón la idea de que "el servicio de los laicos exige capacidades diversificadas, que suponen una formación bíblica específica". Más adelante se enumeran diversos grupos en el ámbito de las parroquias y las diócesis (los enfermos, los soldados, los encarcelados, los nuevos movimientos y las asociaciones). En este contexto el Documento de Trabajo recuerda que "un medio privilegiado para el encuentro con Dios que nos habla es la catequesis dentro de las familias, con la profundización de alguna página bíblica y la preparación de la liturgia dominical". Será "tarea de la familia de iniciar a los hijos en la Sagrada Escritura con la narración de las grandes historias bíblicas, especialmente de la vida de Jesús, y con la oración inspirada en los Salmos u otros libros revelados".
La mayoría de nuestras familias tiene en casa al menos el Nuevo Testamento, y muchos tienen también toda la Biblia.
En los países que salieron recientemente del régimen socialista, la Iglesia tiene necesidad de fieles laicos que vivan intensamente el Evangelio de Cristo en la familia y la sociedad, y que vuelvan a participar en la misión de la comunidad eclesiástica.
La preparación familiar al Día del Señor podría ser un verdadero kairos para ellos. Si hay algún movimiento específico aprobado por los Pastores eclesiásticos, o bien Pastores aquí presentes que tengan una experiencia positiva en este sentido, quisiera poder enriquecerme con su experiencia.
Propongo, pues, que las sugerencias del n. 51 del Documento de Trabajo que he mencionado aquí, al final de nuestra Asamblea se formulen en Propositiones que pondremos a disposición del Santo Padre para la Exhortación post-sinodal que se redactará después de este Sínodo.

[00060-04.03] [IN051] [Texto original: italiano]

- S. Em. R. Mons. Emmanuel FÉLÉMOU, Obispo de Kankan (GUINEA)

El Sínodo de Obispos, dedicado a la reflexión sobre la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia, constituye para cada uno una gran ocasión de profundizar su unión con Jesucristo, Verbo de Dios encarnado.De hecho, para revelar su proyecto de amor y dar a conocer su voluntad última, Dios nos ha hablado a través de su Hijo. La eficacia de esta Palabra revelada en Jesucristo reside en la potencia divina que libera a los pueblos de sus imperfecciones en el conocimiento de Dios, de sus miedos y de sus errores, de sus incertidumbres y de sus titubeos. El amor de Dios es percibido por las diferentes clases africanas como cumplimiento de su espera. Así, en esta Revelación, que es plenitud, Eschaton de toda Revelación divina, la cercanía de Jesucristo y la transformación positiva de toda cultura mediante su Palabra, resta un punto de atracción y de convicción para nuestros pueblos para dejar purificar sus propias culturas, en particular su propia visión de la voluntad de Dios, de la verdad en todo su esplendor: si el único Dios era ya conocido en nuestras culturas, faltaba sin embargo esa claridad y esa perfección en la cuales el amor no se debe vivir solamente con los hermanos de sangre, sino con todos; esa claridad y esa perfección por la cual se perdona al enemigo en vez de envenenarlo, cuando es necesario mostrar el propio poder. No quiero decir que no existiese el perdón, sino que esta realidad tenía la necesidad de la Palabra de Cristo, de su conocimiento y de su ejemplo, para poder dar este rostro único.
La Iglesia católica en Guinea había manifestado un interés particular por este Sínodo, haciendo participar a todos los grupos eclesiales en la reflexión sobre las Líneas de orientación, fase preparatoria de estos trabajos. Hemos querido así que cada agente pastoral - catequista, religioso, sacerdote, obispo - entrando en una familia, pudiera preguntar: ¿han leído hoy un pasaje de la Biblia y cuál es el mensaje que quieren vivir ahora?
De esta manera queremos insistir sobre la veneración por las Sagradas Escrituras, realizando ceremonias de recibimiento y de valorización de la Biblia en las familias reservándole un lugar específico en el cual cada día sea leído y meditado un pasaje. Los jóvenes tienen necesidad de escuchar a Jesucristo que les habla y nosotros pastores debemos acompañarlos en los Campos Bíblicos, no dirigiendo la formación sólo a grupo. Debemos mostrarles a través de nuestras acciones cómo esta Palabra es el centro de nuestro actuar. Y digamos que la iniciación a la Biblia corresponde a nuestras iniciaciones africanas en las cuales nos ponemos a la escucha del Maestro. Pero aquí solamente no se escucha, se vive del ejemplo de aquél que nos habla, Jesucristo: visitar un enfermo que no es necesariamente un pariente natural, perdonar al enemigo, hacer el bien a quien me odia, amar gratuitamente en un mundo donde todo se hace por interés. Pueda el Resucitado acompañarnos en nuestros diversos caminos, nuevos Emaús, para ayudarnos a permanecer sus testigos, a pesar de las pruebas de la vida.

[00100-04.04] [IN081] [Texto original: francés]

- S. Em. R. Mons. Joseph Mitsuaki TAKAMI, P.S.S., Arzobispo de Nagasaki (JAPÓN)

El Sínodo se ocupa de muchos aspectos de la Biblia y debería conducir y guiar al pueblo a una visión global, iluminándolo para que comprenda lo siguiente: el lugar y la importancia de la Biblia en la vida y la evangelización de la Iglesia; el vínculo entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, comprendiendo el significato de pasajes difíciles del Antiguo Testamento; una clara explicación de todas las Sagradas Escrituras con atención al desarrollo de la revelación. La revelación, el magisterium, la fe, la relación orgánica entre liturgia y Escritura son todos campos que es preciso examinar. Es preciso promover el estudio de la hermenéutica de manera adecuada (Introducción, n. 5).
En general, se puede afirmar que quienes intentan vivir una vida cristiana no tienen suficientemente vivificada en sus corazones la fuerza dinámica de la Sagrada Escritura: La Lectio Divina por sí sola no basta. Es importante que comprendamos la Palabra de Dios, la apliquemos a nuestra vida, la compartamos con los demás y la pongamos en práctica a lo largo de nuestra existencia. Cuando leemos la Palabra de Dios y comenzamos a comprender que actúa verdaderamente en la vida de todos los días, nos damos cuenta de que tenemos que comunicarlo a los demás. ¿En términos prácticos, qué podemos hacer para que la Escritura impregne y anime la vida cristiana de los fieles? Es preciso afrontar este tema constantemente.
Por este motivo:
1. Esta Asamblea debería pedir al Santo Padre que "recomendara con fuerza a todos los cristianos del mundo que leyeran, meditaran y compartieran la Sagrada Escritura", especialmente en la Exhortación Apostólica post-sinodal.
2. Habría que publicar un libro en el que se explicaran con detalle los actuales métodos para compartir la Biblia, acompañados por una evaluación, de manera que la gente pudiese escoger entre ellos, según sus condiciones de vida.
3. Un libro titulado "Sunday Gospel Readings with Lectio Divina Year B: MARK, Advent 2008 - Christ the King 2009", escrito por Mons. Anthony Abela como contribución a este Sínodo se publicará también en japonés antes del Adviento de este año.

[00107-04.03] [IN086] [Texto original: inglés]

- S. Em. R. Mons. Andrzej Wojciech SUSKI, Obispo de Toruń (POLONIA)

Me refiero al capítulo V del nro. 34 del Documento de trabajo (IL), donde se dice que "A todos los niveles de la vida eclesial es necesario madurar la comprensión de la liturgia como lugar privilegiado de la Palabra de Dios, que edifica la Iglesia"
Esta afirmación es fundamental por lo siguiente.
Parece ser pues que se debería precisar acerca de qué niveles de la vida eclesial se trata. La palabra "comunidad" se repite con frecuencia en el documento pero, en sí misma, es una palabra ambigua. Se la puede considerar en el sentido de la comunidad eclesial universal, de la comunidad diocesana y de la comunidad parroquial como también de la comunidad religiosa o de las diversas comunidades en el interior de la parroquia y de la diócesis.
Desde el punto de vista pastoral, la comunidad parroquial desempeña un papel particular y pienso que se debería evidenciar de manera más clara como el lugar privilegiado, donde la Palabra de Dios proclamada a los fieles, meditada y confrontada con miles de situaciones de vida cotidiana, da comienzo a la comunidad eclesial.
En la exhortación apostólica Catechesi tradendae, el Papa Juan Pablo II afirma que "la comunidad parroquial debe seguir siendo la animadora de la catequesis y su lugar privilegiado"... "Quiérase o no, la parroquia sigue siendo una referencia importante para el pueblo cristiano, incluso para los no practicantes" (n. 67) La parroquia tiene motivaciones también teológicas. Según la enseñanza pontificia, la parroquia "es una comunidad eucarística. Esto significa que es una comunidad idónea para celebrar la Eucaristía, en la que se encuentran la raíz viva de su edificación y el vínculo sacramental de su existir en plena comunión con toda la Iglesia. Tal idoneidad radica en el hecho de ser la parroquia una comunidad de fe y una comunidad orgánica, es decir, constituida por los ministros ordenados y por los demás cristianos, en la que el párroco -que representa al Obispo diocesano[95]- es el vínculo jerárquico con toda la Iglesia particular (ChL, 26)

[00111-04.03] [IN090] [Texto original: italiano]

- S. Em. R. Mons. Ján BABJAK, S.I., Arzobispo Metropolitano de Prešov, Prjašev para los católicos de rito bizantino, Presidente del Consejo de la Iglesia Eslovaca (ESLOVAQUIA)

La Palabra de Dios es verdadera y Dios obra en la vida del hombre y de todas las Iglesias. En la Iglesia greco-católica en Eslovaquia es testigo de esto la experiencia con la persecución en la segunda mitad del siglo pasado y con el actual desarrollo de nuestra Iglesia.
El poder totalitario trataba de destruir a nuestra Iglesia. Los acontecimientos históricos lejanos en el tiempo y también recientes confirman plenamente, en cambio, la validez de las palabras de Jesucristo: "Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres , yo también me declararé por el ante mi Padre que está en los cielos" (Mt 10,32) Dios cumple estas palabras ya desde ahora, cuando somos testigos del desarrollo de nuestra Iglesia. Agradecemos al Santo Padre Benedicto XVI por el hecho que el 30 de enero de este año, ha elevado a la Iglesia greco-católica que está en Eslovaquia, a Iglesia metropolitana sui iuris con sede en Prešov. Por la gracia de Dios tenemos un número suficiente de vocaciones sacerdotales (la edad promedio de los sacerdotes en el servicio pastoral es de 41 años). Hemos abierto centros de formación para la familia y para la juventud. Estos dones son los frutos del sufrimiento de nuestra iglesia.
La proclamación de la Palabra de Dios en la Iglesia greco-católica en Eslovaquia es ayudada por un rico aprovechamiento de la Palabra de Dios en la liturgia Bizantina (además de las lecturas) no solamente bajo la forma del uso difundido por los salmos sino también en forma de paráfrasis del texto bíblico en la himnografía litúrgica. La Palabra de Dios es comunicada a los fieles también en forma de íconos, los cuales no son solamente una pura ilustración del texto bíblico, sino más bien una "ventana al cielo" a través de la cual se desarrolla el diálogo entre Dios y el hombre, entre el hombre y Dios.
No obstante todas las actividades mencionadas, la escucha que hacen los fieles de la Palabra de Dios se ve a menudo impedida por el hecho ser influenciados por un fuerte relativismo secular. Otro problema es que la catequesis pre bautismal es insuficiente para hacer que los padres sean capaces de educar a sus hijos en la fe. Un problema particular para la acogida de la Palabra de Dios en las familias es la inmigración de muchos fieles, por motivos laborales, sobre todo de los padres, hacia regiones alejadas o también hacia al exterior.

[00116-04.03] [IN095] [Texto original: italiano]

- S. Em. R. Mons. Santiago Jaime SILVA RETAMALES, Obispo titular de Bela, Obispo auxiliar de Valparaíso (CHILE)

Presentación de tres criterios para la lectura cristiana de la Biblia que hay que tener en cuenta en virtud de la cultura de hoy.
Estos criterios son:
- La sed de Dios, por lo que necesitamos una "pastoral bíblica" entendida como animación bíblica de la pastoral.
- La identidad de hijos de Dios, discípulos de Jesús y templos del Espíritu, para lo que necesitamos una creciente espiritualidad bíblica que haga experiencia del amor de Dios.
- La condición de "familia de Dios" que se reúne a reconocer su identidad y a celebrar su condición de hijos de Dios y discípulos de Jesús, disponiéndose a la misión. Su misma unidad es ya testimonio misionero.
Estos criterios hay que plantearlos y, a la vez, resultan del diálogo con la cultura y la condición del hombre de hoy. Todo lo presentado brota de la Biblia, del encuentro de Jesús con sus dos primeros discípulos según san Juan.

[00117-04.03] [IN096] [Texto original: español]

- S. B. R. Grégoire III LAHAM, B.S., Patriarca de Antioquía de los Greco-Melkitas, Jefe del Sínodo de la Iglesia Greco-Melkita Católica (SIRIA)

La Palabra de Dios es el lugar privilegiado del encuentro y el diálogo entre los hombres, en cuanto se convierte verdaderamente en una Palabra para mí y para el otro; me invita al encuentro con Dios y al encuentro con el hermano, necesita una epíclesis de manera que pueda convertirse en la Palabra para el otro, para la sociedad y para el mundo, adaptada a cualquier condición y cualquier circunstancia de la vida.
El cristiano oriental vive su fe en primer lugar mediante la liturgia, basada en la Eucaristía u orientada hacia ella, con un contenido esencialmente escriturario. La mesa de la Palabra de Dios y la mesa eucarística son inseparables. Así pues, la Palabra de Dios es leída, meditada, predicada, celebrada y también escrita como icono.
Durante la proclamación solemne del Evangelio, los niños y las personas que sufren o están enfermas, apoyan su cabeza en el Evangeliario para pedir la gracia que necesitan.
El día de Pascua, los fieles veneran el Libro del Evangelio y el icono de la Resurrección, después se abrazan los unos a los otros, porque la Palabra de Dios es Palabra de reconciliación.
En la ordenación episcopal, "el primer jerarca pone sobre la cabeza del elegido su OMOPHORION, luego toma el venerable Evangelio, lo abre y lo apoya al contrario sobre la cabeza y el cuello del elegido" pidiéndole a Dios que fortalezca "a este elegido, juzgado digno de llevar el yugo del Evangelio" para trabajar en su difusión.
Me gustaría poder compartir con vosotros la Palabra de Dios que nos une. No debemos tener miedo de los versículos del Corán y que nuestros hermanos musulmanes tampoco tengan miedo del Evangelio o la Torá.

[00120-04.03] [IN099] [Texto original: francés]

- S. B. R. Fouad TWAL, Patriarca de Jerusalén de los Latinos (JERUSALÉN)

"Verbum caro hic factum est" (Jn 1, 14). Esta frase nos conduce hasta el umbral del gran misterio de la Encarnación de la Palabra de Dios en Tierra Santa, donde decidió poner "su Morada entre nosotros" (Jn 1, 14).
En esta Tierra Santa "muchas veces y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas. En estos últimos tiempos, nos ha hablado por medio del Hijo" (Hb 1, 1-2). Por último, en esta Tierra Santa el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles y se cumplió lo que dice la Escritura "os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho" (Jn 14, 26).
Por todas estas razones, el gesto de leer, estudiar y meditar la Palabra de Dios recibe un valor y una fecundidad únicos cuando se realiza en Tierra Santa, que conserva no sólo la historia, sino también la geografía y la topografía de la salvación.
El conflicto entre Israel y Palestina comporta dificultades de lectura y de comprensión de determinados pasajes de la Biblia. En efecto, en general, los cristianos árabes con frecuencia tienen dificultades al leer el Antiguo Testamento, no a causa de la Palabra de Dios en sí misma, sino a causa de las interpretaciones políticas e ideológicas.
Dos principios nos protegen de las interpretaciones políticas e ideológicas: 1. Leer e interpretar la Palabra a la luz de Cristo. Jesús dijo: "No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento" (Mt 5, 17). Cristo retomó y recapituló en su persona todas las categorías del Antiguo Testamento para darles un impulso nuevo y un significado nuevo (les ha "dado cumplimiento"). Es en Él y a través de Él que se puede leer y comprender el Antiguo Testamento.
2. El segundo principio de interpretación es la Iglesia. Cualquier interpretación fuera de la Iglesia es una interpretación peligrosa.
Para concluir, quisiera aprovechar la ocasión de la presencia del Santo Padre y de todos los Padres Sinodales para lanzar un llamamiento en favor de Tierra Santa y pedir más oraciones, más solidaridad y más peregrinaciones para ayudarnos a ser los testigos de Cristo, Mesías, Salvador "en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra" (Hch 1, 8).

[00128-04.03] [IN101] [Texto original: francés]

- S. Em. R. Mons. Anthony MUHERIA, Obispo de Embu (KENIA)

A pesar de existir una mayor facilidad de acceso a la Biblia, igualmente a veces la vida cristiana continúa de alguna forma permaneciendo"fuera"del ámbito de la Escritura. La sólida presencia en África de los evangélicos, que se jactan citando pasajes de memoria, ha llevado a confundir el "conocimiento de la Escritura" con la simple "memorización " de un cierto número de pasajes,
que citan de memoria y los acompañan con una interpretación "original" autónoma (cf. I.L. n. 29)
Pareciera que aún no logramos escuchar la voz de la "Palabra" que resuena incisivamente y con fuerza. Considero que ha llegado el momento de contar con más espacios y tiempo para "escuchar" la Escritura con mayor atención. Para "escuchar más", si prefieren, mientras "leemos"! Para que "la Palabra" resuene, tenemos necesidad de espacios para escuchar en silencio y para meditar (cfr. Documento de trabajo n. 23)
En el contexto católico, la Escritura es característica de la liturgia: a través de su proclamación en la liturgia de la Palabra y a través de la explicación de la homilía en la liturgia! En el contexto patrístico, la "divulgación de la Palabra" no era simplemente la explicación de la perícope en términos académicos, ni una nota marginal como ayuda para extraer una lección moral. Es verdadero penetrar en el "hoy" de la "Palabra", viviendo como contemporáneos de la imagen o de la perícope, escuchándola como invitación personal y comunitaria. Cuando la Palabra de Dios es proclamada de manera incisiva, los fieles gustan la liturgia. El compartir la Biblia deviene entonces, una continuación del compartir la Palabra en la "mesa de la Palabra" (cfr. Is 55, 10-11; Sacramentum caritatis n. 45c).
En la homilía, el ministro ayuda a los fieles a "escuchar" la Palabra, guiándolos hacia una respuesta en su situación específica. Y esto lo puede hacer si él mismo dedicó tiempo a la meditación de la Escritura. En este contexto, debemos fortalecer entre nuestros sacerdotes y nuestros seminaristas la necesidad de incluir en su programa personal de espiritualidad el tiempo tradicional cotidiano empleado en la lectura de las Escrituras o Lectio Divina!

[00144-04.02] [IN103] [Texto original: inglés]

- S. Em. R. Mons. Víctor Hugo PALMA PAÚL, Obispo de Escuintla (GUATEMALA)

La animación bíblica de la vida y misión de la Iglesia encuentra hoy el panorama sombrío de la deformación de la Palabra de Dios, no sólo por los consecuencias de la anulación de los criterios de la regula fidei y de la analogia fidei en el principio de la sola Scritpura de la Reforma Protestante, sino en el surgimiento de ''una nueva gnosis" que introduce en la interpretación bíblica elementos extraños a la esencia del cristianismo. Más allá del grave fundamentalismo en las sectas se trata de servicios religiosos pseudocristianos que como expresión del antropocentrismo cultural e incluso existencial de la actualidad, utilizan la Biblia para proponer ideas de progreso material, de reinvención de sí mismo, de conocimiento de caminos de anulación del dolor, etc. Especialmente en regiones pobres o emergentes de América Latina, la necesidad de una cosmovisión económica y para algunos, necesariamente religiosa, que ayude a superar los conflictos de pobreza, corrupción administrativa, frustración económica, inseguridad ciudadana, etc., crea un campo fértil para la mercadotecnia de la llamada "teología de la prosperidad": un falso Dios aparentemente bíblico, pero no cristiano que reduce el horizonte de su acción en la vida humana a pobreza como "maldición" y a riqueza como "bendición o prosperidad". Urgen una formación y pastoral bíblicas que unan Biblia y Tradición, para vivir el encuentro con Jesucristo como camino para la conversión, la comunión y la solidaridad (cfr JUAN PABLO II Ecclesia in America 12ss) en el privilegio por sobre todo del Misterio del Dios Amor (cfr BENEDICTO XVI, Deus est caritas 4ss).

[00145-04.04] [IN104] [Texto original: español]

- S. Em. R. Mons. Charles SORENG, S.I., Obispo de Hazaribag (INDIA)

Procedo de una región tribal de la India. Hay cerca de un millón ochocientos mil católicos tribales de esta misión esparcidos en distintas partes de la India.
En la Carta a los Hebreos leemos: "Muchas veces y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas. En estos últimos tiempos, nos ha hablado por medio del Hijo" (Hb 1, 1-2). En la religión tribal Dios se ha manifestado mediante la naturaleza. Es muy fácil para ellos aceptar a Jesucristo como el Hijo del Ser Supremo.
Dios, que es amor, habló mediante Jesucristo para el bien de cada ser humano.
Jesús manifestó el amor del Padre mediante sus actos de curación y de amor, sus enseñanzas y parábolas.
La misión de Jesús fue la proclamación del Reino, que es justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo (cfr. Rm 14, 17). Incluía una actitud de servicio. Jesús que lava los pies a sus discípulos representó una gran lección (cfr. También Mc 10, 42-45).
Dios nos dio a su Hijo único como Salvador. Jesucristo, su Hijo, amó tanto a la humanidad que se dio a sí mismo en la Eucaristía, por nosotros (cfr. Cor 11, 23-25). Quienes comen su cuerpo y beben su sangre se convierten en Hermanos y Hermanas de sangre en Jesucristo. La Eucaristía nos recuerda el supremo sacrificio de Jesús en la cruz, que rezaba por el perdón de los enemigos: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lc 23, 34).
La Palabra de Dios tiene el poder de construir la comunidad. Leemos en los Hechos de los Apóstoles que los cristianos "se mantenían constantes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones" (Hch 2, 42). Puesto que los cristianos proceden de distintas culturas y usan distintos lenguajes, la Palabra de Dios como palabra de fe da forma a su comunión. La Palabra de Dios lleva a las personas a vivir como una comunión eucarística de testimonio y servicio.

[00146-04.03] [IN10S] [Texto original: inglés]

- S. Em. R. Mons. Julio César TERÁN DUTARI, S.I., Obispo de Ibarra (ECUADOR)

En América Latina ha surgido la llamada 'teología de la liberación' que pretendía basarse en una exégesis bíblica desde la propia situación de pobreza, orientada a los anhelos múltiples de liberación en nuestros pueblos. Bien acertadamente el Magisterio ha llamado la atención repetidas veces sobre errores y peligros de estos ensayos. Pero no ha dejado tampoco de alentar a los teólogos, para que la Escritura Sagrada ilumine los nuevos itinerarios que la Palabra de Dios quiere cumplir, respondiendo a las esperanzas y desafíos de hoy; hay que recoger de allí los puntos siguientes:
1. La reflexión teológica debe ubicarse en el contexto de la propia comunidad cristiana, sujeto privilegiado para comprender el sentido profundo de la Escritura, superando interpretaciones subjetivas, reduccionistas o ideológicas; se trata no de una 'iglesia paralela' ni de una iglesia exclusiva de los pobres, sino de la Iglesia particular que, dentro del misterio de Cristo, está constituida jerárquicamente
2. Esta lectura comunitaria de la Escritura debe confrontarse con los signos de pecado y de gracia que configuran el mundo globalizado y, en América Latina, ha de prestar una especial atención a los pobres con sus muchos rostros y voces, en las nuevas y lacerantes formas de pobreza, y en las nuevas y esperanzadoras vías de liberación integral, atendiendo también al testimonio de quienes dan su vida día a día, a veces hasta derramar la sangre, en el seguimiento de Jesús pobre y humilde de corazón (Cf. Documento de Aparecida, 399-405).
3. Así, la elaboración de la reflexión teológica, sobre todo en las Universidades Católicas, no tendrá dificultad en articularse también con la exégesis científica, en conformidad con las oportunas indicaciones del Magisterio para impulsar ese nuevo espíritu misionero que requiere hoy la cambiante situación cultural de nuestro continente (Cf. Aparecida 124, 341,344).
4. Como culminación del trabajo de los teólogos ha de ofrecerse siempre la persona misma del Señor de la Iglesia: ese Jesús histórico que aparece en los Evangelios y que es el mismo Cristo resucitado, realmente presente en la Iglesia por el misterio de su Pascua.

[00148-04.06] [IN107] [Texto original: español]

- S. Em. R. Mons. Pablo Virgilio S. DAVID, Obispo titular de Guardialfiera, Obispo auxiliar de San Fernando (FILIPINAS)

El Documento de Trabajo justamente reclama la atención sobre la sana tensión entre la exegesis y la teología en la Iglesia. Mientras que la teología con frecuencia insiste en el poder de la Palabra de Dios, siempre tendremos necesidad de la exegesis para recordar, al mismo tiempo, la humildad de la Palabra de Dios. ¿Acaso no nos encontramos a menudo sin palabras ante lectores serios de la Biblia entre nuestros fieles, que se sienten escandalizados por pasajes de la Escritura llenos de violencia, intolerancia, crueldad, duplicidad y todas las demás contradicciones que son características de la humanidad que compartimos con todos los demás hijos e hijas de Adán? Y, a pesar de ello, no los hemos eliminado del canon de las Escrituras. En este canon, existen textos que niegan la resurrección y la vida después de la muerte y textos que la confirman. Hay textos que consideran a Satanás un miembro de la corte celeste con una tarea específica y otros que lo presentan como un ángel caído. Tenemos textos que declaran que el mal es una consecuencia del pecado del hombre e insisten en la culpa humana, y otros que presentan el mal como una enfermedad y los seres humanos como simples víctimas, que únicamente pueden confiar en la misericordia de Dios. Tenemos textos que ponen énfasis en la gracia divina y otros que colocan el esfuerzo humano en primer plano.
Ascenso y descenso, lo divino y lo humano, lo sublime y lo despreciable son aspectos del misterio de la revelación divina, de la Palabra de Dios en palabras humanas, del Dios encarnado, que siempre requerirán la contribución tanto de los exegetas como de los teólogos y, sobre todo, de los pastores, que tienen la tarea de mantenernos unidos en humildad y con la debida disposición a la escucha y la abnegación, con la atención concentrada en Jesús - el Dios con un rostro humano - en su potencia en la debilidad, en su sabiduría en la necedad, en su exaltación mediante la humillación.

[00147-04.03] [IN109] [Texto original: inglés]

- S. Em. R. Mons. György UDVARDY, Obispo titular de Marazane, Obispo auxiliar de Esztergom-Budapest (HUNGRIA)

Hago referencia al capítulo quinto del Documento de trabajo.
La catequesis de la Iglesia - tanto la catequesis inicial como la sistemática -, junto con la liturgia, la diaconía y la vida de testimonio de la comunidad, tiene grandes posibilidades y responsabilidades en la tarea de dar a conocer la Palabra de Dios y conceder nuestra vida a la persona, a las enseñanzas y a la Iglesia de Jesucristo. En la catequesis, adaptándonos y siguiendo la naturaleza de la Palabra de Dios, podemos mostrar la característica de la Palabra de Dios: su fuerza personal, que invoca e invita o interroga.
La Palabra de Dios - aunque la leamos "del libro", nos transmite una historia de milenios atrás, aunque lleve signos de una cultura que nos es poco conocida -, sin embargo, se pronuncia "ahora", se dirige a "mí". La Palabra resuena desde el eterno presente de Dios. Dios actúa "ahora" mediante su Espíritu Santo. Me llama ahora a examinar mi vida, me invita a renacer - a la conversión - Él nos da consuelo y esperanza, Él nos libera y Él pronunciará un juicio sobre nosotros (cfr. Is 55, 10-11).
Nuestra catequesis es eficaz si percibe y sirve a este momento creador. Con este momento podemos esperar que el conocimiento adquirido pueda transformar verdaderamente la vida.
A veces los libros, los medios auxiliares y los métodos utilizados en la enseñanza religiosa y en la catequesis de las diversas edades usan la Santa Escritura - Palabra de Dios - como una historia para ilustrar un tema, como una parábola moral, o la presentan únicamente como un testimonio de una experiencia existencial fundamental y general.
Está claro que se podrían mejorar muchos libros, medios, métodos para la catequesis, pero el éxito, de vez en cuando, depende de la persona que hace la catequesis - del pastor, del catequista. Éste se convierte - siguiendo la dinámica de la Encarnación - en el método de la Palabra de Dios, ofreciendo su vida a la obra del Espíritu de Cristo.
Es bellísimo contemplar la historia de los discípulos de Emaús (cfr. Lc 24, 13-35), donde Cristo Resucitado aparece como maestro, hermeneuta - quizás se pueda decir - como catequista.
Por lo tanto, a mi juicio, el uso correcto de la Biblia no es fundamentalmente una cuestión metódica, sino que es la cuestión más personal: mi relación personal con la Palabra de Dios.

[00131-04.03] [IN115] [Texto original: italiano]

- S. Em. R. Mons. Charles Maung BO, S.D.B., Arzobispo de Yangon (MYANMAR)

La Iglesia en nuestra zona del mundo proclama el Evangelio en medio de duras restricciones, privaciones y de un auténtico sufrimiento. Con Pablo podemos decir: "completo lo que falta a las tribulaciones de Cristo en mi carne" (Col 1, 24). Muchos de nuestros grupos étnicos tienen su propia Biblia, a menudo realizada con la ayuda de misioneros pioneros.
La Palabra se encarna de muy diversas maneras en los distintos países. En el mundo libre, mediante la proclamación, el anuncio público; pero en otras partes del mundo, la misión de la Iglesia, la Buena Noticia, tiene que enfrentarse a retos asfixiantes. Su deber de predicar la Buena Noticia es desafiado por las fuerzas de las tinieblas. Durante este Año Paulino, tenemos que afrontar los mismos desafíos que encontró el gran apóstol de la Palabra.
Somos una Iglesia pobre y nuestra única gloria es "conocer a Cristo" y el "apoyo de la Palabra". La Palabra tiene un papel importante en la vida de nuestra gente. "La diakonia o servicio de la caridad es una vocación de la Iglesia de Jesucristo [...]. Es necesario que la Palabra de Dios lleve al amor del prójimo" (IL 39). Nos guían las palabras del Santo Padre en la Deus Caritas est: "La Iglesia no puede descuidar el servicio de la caridad, como no puede omitir los Sacramentos y la Palabra" (22).
El mandato evangélico, "dad de comer a los hambrientos, vestid a los desnudos", ha recobrado fuerza después del reciente paso del terrible ciclón Nargis. Casi 150.000 personas murieron y dos millones se convirtieron en refugiados en su país. La nación vivió un luto.
Con la ayuda del Señor hemos devuelto la vida a muchas comunidades. Las iglesias se han convertido en campos de refugiados. En estos campos hemos celebrado una liturgia única: la de anunciar la Palabra, acompañando y compartiendo el pan a través de la ayuda. El mundo se ha convertido en nuestro altar y hemos partido el pan de la hermandad con las multitudes destrozadas. El Evangelio predicado ha sido el alimento dado a los hambrientos, que ha producido la vida y la luz que hemos dado en los últimos cinco meses.

[00133-04.03] [IN117] [Texto original: inglés]

- S. Em. R. Mons. Vincenzo PAGLIA, Obispo de Terni-Narni-Amelia, Presidente de la Federación Bíblica Católica (ITALIA)

Urge un nuevo Pentecostés. Debemos salir del cenáculo y predicar a "los setenta pueblos"- a todos los pueblos de la tierra- el único Evangelio en las diversas lenguas. Y nos encontramos ya ante un desafío: hay más de seis mil lenguas, pero la Biblia se ha traducido por completo sólo en 480 lenguas y el Nuevo Testamento en 1.168. Quedan más de 4.000 lenguas. Estamos frente a una tarea que es también de carácter económico. Para algunas lenguas se puede repetir la aventura de ser codificadas con la traducción de la Biblia. Obviamente, el desafío es de orden pastoral. El acuerdo entre la Federación Bíblica Católica y las Sociedades Bíblicas es un pequeño ejemplo de comunión también en el campo ecuménico. Es necesario que del Sínodo surja un nuevo entusiasmo por las Escrituras. Ya lo decía el beato Juan XXIII. Existen las condiciones para que este entusiasmo atraiga la atención de la gente. La encuesta promovida por la Federación Bíblica demuestra la aceptación con la que cuenta la Biblia entre todas las personas. La mayoría de los entrevistados en los dieciséis países del mundo donde se llevó a cabo dicha encuesta considera oportuno que la Biblia sea enseñada en las escuelas. Al mismo tiempo, sin embargo, todos consideran que la Biblia es de difícil comprensión y que necesita ayuda para ser entendida. Se podría decir que los datos confirman que la Sola Scriptura no alcanza. Es necesario también un acompañamiento. Es el verdadero desafío que tenemos por delante.
No debemos temer que la Biblia abunde en manos de todos, no sólo de los fieles. Lamentablemente, si por un lado es verdad que en las casas suele haber una Biblia, es rarísimo que cada cristiano tenga su propia Biblia personal. A mi juicio, debería ser uno de los objetivos del Sínodo. Si la Biblia, además, como dicen los Padres, contiene "La carta de amor de Dios a los hombres", ¿por qué retrasar o, peor aún, evitar la entrega? En todo caso, lo que se nos pide es que redoblemos el compromiso para acompañar su lectura. La gente debe aprender a rezar con la Biblia. Por desgracia, la encuesta pone en evidencia que sólo un pequeña minoría lo hace. Es precisamente esto lo que debemos proponernos: ayudar a nuestros fieles y a todos aquellos que se acercan al texto bíblico a entrar en el misterioso y salvífico diálogo que entreteje la Escritura entera. La lectura de la Biblia dilata la mente y calienta el corazón.

[00134-04.03] [IN118] [Texto original: italiano]

- S. Em. R. Mons. Jabulani NXUMALO, O.M.I., Arzobispo de Bloemfontein (SUDÁFRICA)

La experiencia actual es ésta: pequeñas comunidades cristianas y grupos de vecinos se encuentran regularmente para realizar algunas actividades, y han establecido como regla que, antes de cualquier tarea, se dedique un poco de tiempo a la lectura orante del texto sagrado y a la fracción del pan de la Palabra bajo la guía del Espíritu Santo, que se reflexione sobre la Palabra y se comparta la oración. Los grupos o pequeñas comunidades cristianas reciben una nueva fuerza y crecen impregnados de alegría y vitalidad, ya que Jesucristo está presente en medio de ellos (DV 2). Esto mejora también la calidad de las celebraciones litúrgicas en las parroquias. Por lo tanto, este Sínodo no discute a vuoto de la importancia de la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia. Mientras intenta hacer más intensa la promoción de la Escritura en la vida de la Iglesia, esta asamblea también está inspirada por lo que ya está sucediendo y creciendo en el seno de la Iglesia. En este evento existe una dialéctica que une, ya que los Padres sinodales se sienten estimulados por lo que ya está sucediendo en sus vidas y, a su vez, confirman y animan a los ministros de la Palabra y promueven la formación, para hacer que madure lo que ya está suciediendo en el contexto de la misión de la Iglesia. En otras palabras, se trata de consolidar lo que ya se ha iniciado, si bien todavía se encuentra en una fase inicial en muchas partes del mundo, y de favorecer un nuevo aumento y desarrollo de este compromiso pastoral, espiritual y bíblico.
Por lo tanto, como parte del desarrollo de este compromiso, la Lectio Divina, el método de los siete pasos y otros métodos semejantes para la lectura de las Escrituras y para la reflexión orante, deberían ser accesibles a todos los miembros de la Iglesia (DV 22). Ello exige una inversión espiritual enorme y de personal para este ministerio: sacerdotes, religiosos, laicos y jóvenes, según el desafío del Concilio Vaticano II (DV 24) porque existe un deseo ardiente de hacer de la Escritura el alma de la vida y de la misión de la Iglesia. Por consiguiente, esto es una invitación a desarrollar con fuerza y a instituir nuevos centros para el apostolado bíblico y para la formación en los métodos y en el arte de leer la Escritura, para la reflexión sobre la Palabra y la oración bíblica, y para ahondar en el conocimiento de las Escrituras. Los que ya existen han demostrado su validez y deberían ser dotados de personal que trabaje con dedicación. Por último, un elemento fundamental: hay que hacer traducciones de la Biblia en las lenguas locales para alcanzar todos los rincones de la tierra.

[00135-04.04] [IN119] [Texto original: inglés]

- S. Em. R. Mons. Jesús PÉREZ RODRÍGUEZ, O.F.M., Arzobispo de Sucre (BOLIVIA)

Hay que marcar las relaciones intrínsecas, vitales y permanentes que hay entre la Biblia y la catequesis. En la práctica, bien sabemos que el uso que se ha hecho de la Biblia en el trabajo catequístico ha sido fragmentario, limitado y, a veces instrumentalizado. Nos hemos ido quedando mas bien en el cauce desgastado del río y no hemos ido a beber de la fuente, donde brota la vida. La Sagrada Escritura se ha constituido mayormente apenas en apoyo o mero soporte de los contenidos, y no en FUENTE NORMATIVA Y VITAL de los mismos.
Como profesional de la Palabra de Dios el catequista debe conocer la Sagrada Escritura, saber traducir el misterio de la salvación consignado en ella a un lenguaje accesible y compresible que ayude a educar la fe de su comunidad en el contexto que ésta vive y para que ella sepa dar respuestas creativas a las interpelaciones de Dios que le llegan a través de los desafíos que la realidad global le plantea. Por ello, la Conferencia Boliviana ve como un reto adecuar el lenguaje bíblico a las necesidades y lenguajes de hoy, al mundo moderno.
La catequesis de la comunidad ha de cuidar, en su práctica, algunas claves de lectura que le ayuden, por un lado, a respetar el texto sagrado y, por otro a interpretarlo correctamente para la vida de las personas y de los pueblos.
La relación primaria entre Biblia y catequesis ha de entenderse y asumirse como FUENTE y no como un recurso didáctico o un simple apoyo a los contenidos.
Es importantísimo distinguir la catequesis en general de la catequesis bíblica, en particular.
Es necesario que el texto bíblico llegue a todos, desde los niños. Para ello, la Iglesia Boliviana se ve imposibilitada.
Por eso, pide a las iglesias con mayores recursos económicos ayudar a la adquisición de la Sagrada Escritura a los que tienen menos posibilidades.
Así mismo, pensamos que se pudiera señalar una Jornada Mundial de la Biblia, ya son varios los países que tienen, no sólo el día de la Biblia, sino también el mes de la Biblia.

[00137-04.03] [IN121] [Texto original: español]

- S. Em. R. Mons. Musie GHEBREGHIORGHIS, O.F.M. Cap., Obispo de Emdeber (ETIOPIA)

Como para todas las iglesias cristianas, para la tradición eritreo-etíope la Biblia es "Palabra inspirada", "Palabra de Dios". Uno de los testimonios bíblicos invocado en apoyo de esta afirmación es el pasaje de la segunda epístola a Timoteo 3,16-17 que dice: "Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argüir, para corregir y para educar en la justicia; así el hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado para toda obra buena". Los autores sacros están iluminados, es más, están "habitados" por el Espíritu Santo. Todos los libros bíblicos considerados canónicos por las demás iglesias cristianas lo son también para la iglesia eritreo-etíope, la cual además posee el mayor número de libros inspirados: son 81 libros, 46 del Antiguo y 35 del Nuevo Testamento. En la tradición eritreo-etíope el concepto de canon es flexible y tiende a incluir más que a excluir. La inspiración que ha dado vida a los libros sagrados se concibe como un proceso dinámico que se mantiene dentro de la comunidad de los creyentes. El vasto patrimonio de la tradición cristiana se considera justamente como irradiación, muchos textos como brotes de la Palabra de Dios. Es este el motivo por el que algunos de los textos bíblicos, presentes en el canon de la Iglesia eritreo-etíope, son descritos como awald (hijos, progenie [de la Biblia]).
La tradición eritreo-etíope ve la traducción de los textos bíblicos de las lenguas originales al geez y su interpretación como a dos hermanas, como dos caras de la misma moneda. El mismo Espíritu que ha iluminado al autor sacro guía el corazón y la mente del intérprete que con la fe busca el misterio que encierra la palabra. Los comentarios conocidos como andemta tienen ante todo un imperecedero valor pedagógico. El primer paso, el fundamental, es el aprendizaje de la Palabra. Se lee el texto geez y se traduce en la lengua corriente procurando captar los distintos matices del original. A la lectio le siguen el análisis gramatical y una discusión sobre algunas posibles cuestiones de crítica textual. La primera clave de interpretación se busca dentro de la Biblia. Explicar la Biblia con la misma Biblia es uno de los elementos fundamentales de la hermenéutica eritreo-etíope. Además, los Padres de la Iglesia son una fuente inagotable para los intérpretes.

[00138-04.03] [IN122] [Texto original: italiano]

- S. Em. R. Mons. Miguel Angel SEBASTIÁN MARTÍNEZ, M.C.C.I., Obispo de Lai (CHAD)

Les hablo en nombre de la Conferencia Episcopal de Chad. Este país, ubicado en el centro de África, ha sido evangelizado sólo desde hace pocos años.
Nuestra Iglesia Familia de Dios que está en Chad ha optado, según el deseo del Sínodo para África, por las Comunidades Eclesiales de Base. Estas comunidades se nutren de la Palabra de Dios y de la Eucaristía. Durante su reunión semanal, se lee la Palabra, se reza y se busca lo que los cristianos deben hacer para cambiar todo aquello que, en sus vidas, no está en conformidad con el Evangelio. Los cristianos se reúnen los domingos, pero muchos de ellos sólo para la celebración de la Palabra, porque no contamos con muchos sacerdotes.
En nuestro país vivimos unas situaciones sociales y políticas muy conflictivas, debido, sobre todo, a una interminable guerra que lleva ya más de cuarenta años. Nosotros estamos convencidos de que la Palabra de Dios es una palabra de Paz, una palabra que anuncia la Paz y que invoca la Paz, el perdón, la reconciliación y la justicia. La escucha y la oración de la Palabra de Dios son esenciales en la vida y en la misión de nuestra Iglesia. ¡Ello es un desafío para nosotros!
La Palabra de Dios nos ilumina y nos anima a comprometernos por la promoción del hombre y la mujer de Chad. El nuestro es un país empobrecido a pesar de nuestras riquezas naturales, por eso trabajamos para un desarrollo humano integral. Desarrollamos este trabajo junto con nuestros hermanos protestantes.
Tenemos otro desafío: el de la difusión de la Palabra de Dios. A causa del porcentaje de analfabetismo, de la falta de Biblias en lengua local y del coste de las Biblias. Queremos trabajar por el apostolado bíblico.

[00139-04.03] [IN123] [Texto original: francés]

- S. Em. R. Mons. Joseph Mukasa ZUZA, Obispo de Mzuzu (MALAWI)

En nombre de la Conferencia Episcopal de Malawi (ECM), deseo decir que la mayor parte de nuestras pequeñas comunidades cristianas (SCC) depende de la Palabra de Dios y vive de ella pues celebra la Eucaristía sólo una vez al mes y en ocasiones, hasta una vez cada tres o más meses. Ellas viven de la Palabra de Dios.
Es, por lo tanto, importante para nosotros formar a los distintos agentes de evangelización y a nuestros cristianos en la Lectio Divina y en la Palabra compartida. Apreciamos el ejemplo de María, nuestra Madre, que escuchaba, meditaba y vivía la Palabra de Dios (Lc 2, 19)

[00140-04.03] [IN124] [Texto original: inglés]

- S. Em. R. Mons. Antons JUSTS, Obispo de Jelgava (LETONIA)

En mi discurso hago referencia al número 28 del Documento de trabajo: la Palabra fluye (cf 2 Ts 3, 1) y desciende como una fecunda lluvia del cielo (cf Is 55, 10-11). También deseo hablar de los mártires del siglo XX, especialmente los de mi país, Letonia. Sacerdotes, hombres y mujeres han muerto por haber proclamado la Palabra de Dios.
Recuerdo a nuestro sacerdote letón Viktors, que durante el régimen soviético de Letonia fue arrestado porque tenía la Santa Biblia. A los ojos de los agentes soviéticos las Sagradas Escrituras aparecían como un libro antirrevolucionario. Los agentes tiraron al suelo las Sagradas Escrituras y ordenaron al sacerdote que las pisara. El sacerdote se negó y se arrodilló a besar el libro. Por este gesto fue condenado a diez años de trabajos forzados en Siberia. Diez años más tarde, cuando el sacerdote regresó a su parroquia y celebró la Santa Misa, leyó el Evangelio. Alzó el leccionario y dijo:"¡La Palabra de Dios!". La gente lloró y dio gracias a Dios. No se atrevió a aplaudirlo, porque habría sido interpretado como una nueva provocación.
En Letonia, durante la era soviética, no estaba permitido imprimir libros religiosos, Sagradas Escrituras o catecismos.
El razonamiento era el siguiente: si la Palabra de Dios no está impresa, no habrá ninguna religión. Nuestro pueblo letón ha hecho lo que ya habían hecho los cristianos de los primeros siglos: se ha aprendido de memoria fragmentos de las Sagradas Escrituras. Todavía hoy en Letonia se conserva viva una tradición oral. Estamos sobre los hombros de nuestros mártires para proclamar la Palabra de Dios. Nuestros nietos recuerdan a sus abuelos y a sus abuelas, que murieron por su fe y desean, a su vez, ser "héroes" de la fe.
¡En Letonia proclamamos la Palabra viva de Dios! Hacemos procesiones y peregrinaciones, cantamos y rezamos y decimos: "Ésta es la Palabra de Dios" por la que han muerto nuestros abuelos. En Letonia, cuando la Santa Misa dura sólo una hora, la gente dice que se trata sólo de un calentamiento para el verdadero encuentro con Dios en el Sacramento y en su Palabra.

[00141-04.03] [IN125] [Texto original: inglés]

- S. Em. R. Mons. Néstor Rafael HERRERA HEREDIA, Obispo de Machala (ECUADOR)

Si la Palabra de Dios es fuente de vida para la Iglesia y alma de su acción evangelizadora, surge la importancia y necesidad de una Pastoral Bíblica, la cual implica:
1. Poner la Palabra de Dios, la Biblia, al alcance de todos
La Constitución dogmática sobre la Divina Revelación dice que los fieles deben tener fácil acceso a la Sagrada Escritura y que la Palabra de Dios tiene que estar disponible en todo tiempo y para todos (DV 22). Gracias a Dios en la actualidad, como en los comienzos de la Iglesia, se hacen traducciones de la Biblia en diversos idiomas que la sitúan al alcance de todos. La Nueva Evangelización se realiza precisamente con y desde la Biblia. En América Latina hay una gran difusión de la Biblia en las comunidades, en los grupos y movimientos apostólicos y sobre todo a través de la catequesis.
2. Leer la Biblia en la vida
El objetivo principal de una pastoral bíblica no es tanto difundirla para leerla sino para interpretar la vida con la ayuda de la Biblia. Las comunidades cristianas, los grupos y movimientos instruidos en el conocimiento de la Biblia creen firmemente que Dios les habla directamente y la consideran escrita para cada uno.
3. Leer la Biblia a la luz de la fe
Para el pueblo creyente la lectura de la Biblia es el ejercicio de su propia fe. Y es que la Biblia hay que leerla en un ambiente de oración, así el Espíritu puede esclarecer su sentido y manifestar a través de qué realidad nos está hablando el Señor. Una forma privilegiada es la Lectio Divina que con sus cuatro momentos: lectura, meditación, oración y contemplación favorece el encuentro personal con Cristo (A 249).
4. Como fuerza de transformación
La comunidad cristiana toma en serio la Palabra de Dios. No lee solamente para entenderla sino para tratar de ponerla en práctica El pueblo busca en la Biblia un sentido para vivir y lo encuentra porque tiene la certeza de que es Dios mismo el que habla. La lectura de la Biblia lleva a la conversión porque es un libro de autoridad, inspirado por Dios y que exige obediencia.

[00035-04.03] [IN010] [Texto original: español]

- S. Em. R. Mons. Eugène Lambert Adrian RIXEN, Obispo de Goiás (BRASIL)

Una de las grandes conquistas del camino bíblico en nuestro país, ha sido el descubrimiento de que la Biblia es el libro predilecto de la catequesis que no cumple su misión si el fiel no llega a descubrir la importancia de tener la Palabra de Dios entre sus manos y vivirla. Sin duda alguna en Brasil, debido a la transformación y a la movilización que la Biblia estimula, ha llegado a ser, con seguridad, el libro más leído, amado, admirado y vivido por los fieles. Para nosotros, no es aceptable un proyecto catequético que no parta de la Biblia y que no conduzca a ésta.
En nuestro país, la catequesis tiene como primera fuente la Sagrada Escritura que, leída, explicada y rezada en el ámbito de la Tradición y del Magisterio, ofrece el punto de partida, el fundamento y la norma de lo que se transmite a los fieles con el fin de que todos sean discípulos y misioneros de Jesucristo, celantes, dinámicos y profetas. Una de las características de nuestra catequesis es que ésta, opera para que los fieles descubran la manera en la que Dios actúa hoy, aquí y ahora, en el lugar en el que Él nos ha puesto para testimoniar su amor y de su acción liberadora.
Es importante retomar aquí lo que fue afirmado por los Obispos presentes en la Segunda Conferencia del Episcopado Latinoamericano de Medellín en 1968: "En la catequesis se debe tomar la Sagrada Escritura como fuente principal, leída en el contexto de la vida, a la luz de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia, transmitiendo además el símbolo de la fe, dando así importancia al apostolado bíblico que difunde la Palabra de Dios y forma grupos bíblicos" (cf. Medellín).
Así mismo en Santo Domingo en 1992, fue recordada la importancia de la Biblia en la catequesis: "la Nueva Evangelización debe enfatizar una catequesis kérygmatica y misionera. Para la vitalidad de la comunidad eclesial son necesarios más catequistas y agentes pastorales con un sólido conocimiento de la Biblia que eduquen a leerla a la luz de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia, para iluminar, a partir de la Palabra de Dios, la propia realidad personal, comunitaria y social" (cf. SD, 49).
La V Conferencia del año 2007, confirma con fuerza una catequesis bíblica, kérygmatica, misionera y mistagógica. Recuerda la importancia de comenzar por el Kerygma, guiado por la Palabra de Dios que acerca la persona a Jesucristo para conducir a la conversión y al compromiso en una comunidad eclesial en la que maduren la práctica sacramental y el servicio (cf. DA 288). La catequesis debe ser mistagógica porque debe tener carácter experimental, litúrgico, de celebración y oración (cf. DA 289). Destaca que "la iniciación cristiana ofrece la posibilidad de un aprehensión gradual en el conocimiento, en el amor y en el camino de la señal de Cristo" (cf. DA 291).
Se necesita retomar, como se afirma en las Líneas de Orientación, el ministerio de la Palabra en la predicación pastoral, en la catequesis y en todo tipo de educación cristiana. La homilía litúrgica debe ocupar un lugar privilegiado en la celebración, nutrirse con provecho y vigorizarse santamente con la Palabra de la Escritura (cf. Líneas de Orientación n° 23).
Es menester valorizar, sobre todo, la importancia de la lectura orante de la Biblia en el ámbito personal y comunitario, además de promover una catequesis que sea la iniciación en la Sagrada Escritura, vivificando con ésta los programas catequísticos y los mismos catecismos, la predicación y la piedad popular (cf. Documento de trabajo -IL- n° 32).
En cada catequesis integral, siempre deben estar inseparablemente unidos el conocimiento de la Palabra de Dios, la celebración de la fe en los sacramentos y la profesión de la fe en la vida diaria (cf. Sínodo del 1977, Mensaje al Pueblo de Dios, n° 11).

[00049-04.03] [IN021] [Texto original: francés]

- S. Em. R. Mons. Patrick Altham KELLY, Arzobispo de Liverpool (GRAN BRETAÑA)

Diálogo con judíos y musulmanes.
La naturaleza del diálogo en otras disciplinas.
Las implicaciones de las convicciones arraigadas en eventos específicos en la fidelidad de judíos, cristianos y musulmanes.
El Nuevo Testamento como testimonio tanto de una Persona como de los eventos específicos que aún siguen dando testimonio para hacer que el diálogo sea fundamental para la fidelidad a este texto básico; así que, quizás, aunque sea testimonio de Alguien y de unos eventos específicos, no representa un obstáculo a priori para el diálogo con judíos y musulmanes.

[00053-04.03] [IN034] [Texto original: inglés]

- S. Em. R. Mons. Paolo PEZZI, F.S.C.B., Arzobispo de la Madre de Dios en Moscú (FEDERACIÓN RUSA)

En el momento histórico actual, no hay que separar la Palabra de Dios del acontecimiento de Cristo mismo. Él es el Logos, la comunicación del Padre, Su rostro (cfr. Col 1,15). Al mismo tiempo, no podemos olvidar que, por obra y sugerencia del mismo Espíritu, las palabras de Jesús y los hechos que realizó se han transmitido. Su vida se ha transmitido y esa transmisión dura hasta nuestros días. En este sentido, son decisivas las palabras con las que Benedicto XVI inicia su encíclica sobre la caridad: "No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva".
En el relativismo actual, que tiende a nivelar cualquier diferencia, de manera que todas las palabras son válidas y ninguna lo es más que las otras, en el que todo queda reducido a un juego de opiniones, la palabra bíblica tiene que encarnarse en la belleza de sus testigos, si quiere atraer al mundo hacia la verdad. En el Documento de Trabajo (IL 48), se observa agudamente que "haciendo de la Palabra de Dios y de la Sagrada Escritura el alma de la pastoral [el Obispo] será capaz de llevar a los fieles al encuentro con Cristo" [ ... ] "para que, por propia experiencia, vean que las palabras de Jesús son espíritu y vida (cfr. Jn 6, 63) [ ... ]".
El anuncio de la Palabra de Dios, por lo tanto, tiene que tener como objetivo poner a las personas -por así decirlo- en presencia de una Persona viva: ser testigos de la Persona de Jesucristo, Logos hecho carne. O según las espléndidas palabras de San Pablo: tiene que "dibujar a Cristo crucificado ante los ojos" de los hombres. La Palabra de Dios es fuente de auténtico y cada vez más profundo conocimiento de Cristo, de "la gloria de Dios que está en la faz de Cristo" (2Co 4, 6). El resplandor de Cristo enciende un fuego en nosotros, se convierte en deseo de dar testimonio de Él.
Se dice en el Documento de Trabajo (IL 54) que "la escucha de la Palabra de Dios es lo primero en nuestro compromiso ecuménico". Es preciso que se renueve entre los cristianos la tensión hacia la persona de Cristo, el deseo de conocer más en profundidad su misterio. Mediante el encuentro con el Verbo hecho carne, que el Espíritu hace posible, redescubrimos la comunión con Él: es la fuerza del Espíritu de Cristo Resucitado que atrae al pueblo disperso hacia su único cuerpo.

[00057-04.03] [IN036] [Texto original: italiano]

- Revmo. P. Antonio PERNIA, S.V.D., Superior General de la Sociedad del Verbo Divino

Por lo que respecta a la tercera parte del Documento de Trabajo, quisiera hacer una referencia al argumento tratado en esta sección, es decir a, la centralidad de "la Palabra de Dios en la misión de la Iglesia".
Y deseo hacerlo formulando de nuevo el título de esta sección y decir: " la Palabra de Dios ES la misión de la Iglesia".
Esta idea se basa en una afirmación del Concilio Vaticano II relativa al origen trinitario de la misión ( AG 1-2, 9). Aquí se ve a Dios Trinidad como comunión y diálogo entre el Padre , el Hijo y el Espíritu Santo. Esta comunión íntima o diálogo, impregna - o más bien abraza - la creación y la historia. La misión, por tanto, es el diálogo incesante de Dios Uno y Trino con el mundo y la humanidad, un diálogo que invita y atrae a la humanidad a la plena comunión con la comunidad divina.
El primer agente del diálogo incesante de Dios con el mundo es la misma Palabra de Dios. Jesús, el Verbo encarnado, es la Palabra de Dios a la humanidad. Es el incesante diálogo de Dios con el mundo. El logos divino es el dia-logus de Dios con el mundo. La Iglesia existe para colaborar en el diálogo constante de Dios con el mundo. La Palabra de Dios es su razón de ser, el sustento de su vida, el corazón de su actividad.
Por esto, a través del lente de la Palabra de Dios, es necesario que la misión de la Iglesia sea entendida en términos de diálogo. De hecho, el Evangelio que proclamamos es la invitación de Dios al diálogo.
Es necesario mirar a los diferentes grupos de personas con los cuales tratamos de compartir el Evangelio (I.L. 42) como "interlocutores en el diálogo". El diálogo, sin embargo, significa que la evangelización no es un camino que va en un solo sentido, sino que es un intercambio recíproco de dones entre el misionero y el pueblo. En consecuencia el misionero debe estar dispuesto a evangelizar y a ser evangelizado, a hablar y a escuchar, a dar y a recibir. El documento del Concilio Vaticano II, Dei Verbum, dice muy oportunamente "Dei Verbum audiens et proclamans"; escuchar la Palabra de Dios y proclamarla (DV I). La Iglesia misionera proclama la Palabra de Dios, y la escucha también así como le es revelada en las Sagradas Escrituras, pero también en las "alegrías y las esperanzas, en las tristezas y angustias de los hombres de hoy, sobretodo de los pobres y de todos aquellos que sufren". (GS 1).
Los hombres y mujeres consagrados, especialmente los misioneros comprometidos en las fronteras de nuestra fe y en los márgenes de la sociedad, pueden ser una "ayuda a la escucha"para la Iglesia, mientras intentan escuchar la Palabra de Dios revelada especialmente en la vida de las personas, en la búsqueda de los que buscan la fe, en las tradiciones culturales y religiosas de las personas que pertenecen a otras fes, en las aspiraciones de los pobres y de los marginados.
De esta forma, la vida consagrada puede ayudar a que la Iglesia sea una comunidad que no solamente proclama, sino que también escucha. "Dei Verbum audiens et proclamans".

[00056-04.05] [IN039] [Texto original: inglés]



Envìa esta noticia a un amigo

arriba



Intervenciones en el Sínodo en la tarde del 10 de octubre
CIUDAD DEL VATICANO, sábado 11 de octubre de 2008 (ZENIT.org).- Publicamos la síntesis de las intervenciones que se pronunciaron en el Sínodo de los Obispos durante la novena congregación general que se celebró en la tarde del viernes, 10 de octubre.
* * *



En esta Novena Congregación General han intervenido los siguientes Padres:

- S. Em. R. Mons. Cornelius Fontem ESUA, Arzobispo de Bamenda (CAMERÚN)
- S. Em. R. Mons. Francis DENIAU, Obispo de Nevers (FRANCIA)
- S. Em. R. Mons. Antonio MENEGAZZO, M.C.C.J., Obispo titular de Mesarfelta, El Obeid (SUDÁN)
- S. Em. R. Mons. Raymondo DAMASCENO ASSIS, Arzobispo de Aparecida, Presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (C.E.L.AM.) (BRASIL)
- S. Em. R. Mons. Lucio Andrice MUANDULA, Obispo de Xai-Xai (MOZAMBIQUE)
- S. Em. R. Mons. Ramzi GARMOU, Arzobispo de Teherán de los Caldeos, Presidente de la Conferencia Episcopal Administrador Patriarcal de Ahwaz de los Caldeos (IRÁN)
- S. Em. R. Mons. Fidèle AGBATCHI, Arzobispo de Parakou (BENÍN)
- S. Em. R. Mons. Dionisio LACHOVICZ, O.S.B.M., Obispo titular de Egnazia, Obispo de curia de Kyiv-Halyč (UCRANIA)
- S. Em. R. Mons. Berhaneyesus Demerew SOURAPHIEL, C.M., Arzobispo Metropolitano de Addis Abeba, Presidente de la Conferencia Episcopal, Presidente del Consejo de la Iglesia (ETIOPIA)

A continuación damos los resúmenes de las intervenciones:

- S. Em. R. Mons. Cornelius Fontem ESUA, Arzobispo de Bamenda (CAMERÚN)

La Iglesia en Camerún, como tantas otras jóvenes Iglesias de África, posee un alto índice de crecimiento. Se necesita urgentemente profundizar la fe de los neófitos, sobre todo de los jóvenes que están siendo víctimas del materialismo, de la secularización y del relativismo. Un cierto número de ellos ha vuelto a la prática de la Religión tradicional africana ya que el cristianismo parece no dar una respuesta a todas sus preguntas, especialmente en los tiempos de crisis. Más aún, se están derrumbando la Religión tradicional africana y la organización familiar tradicional en la que esta religión se funda. Algunos cristianos se refugian en las sociedades secretas, en las sectas y en los nuevos movimientos religiosos con la esperanza de encontrar seguridad y respuestas a los interrogantes más profundos de la vida.
Afortunadamente existen sed y hambre crecientes de la Palabra de Dios. Se necesita urgentemente poner las Sagradas Escrituras en manos de los fieles a fin de que se vuelvan vivas en sus profesiones, en sus familias y en las diferentes situaciones de la vida, así como fuente de inspiración para la vitalidad y las actividades de las Pequeñas comunidades cristianas. Urge además la inculturación de la fe cristiana y el diálogo con la Religión tradicional africana. Para una inculturación eficaz, la Palabra de Dios debe echar raíces profundas en los corazones de las personas y hacerse carne.
Sugerimos entonces que:
1. Las Conferencias Episcopales y las Diócesis den prioridad al Ministerio Bíblico Pastoral y nombren personas que lo promuevan y coordinen en los diferentes ámbitos, de manera que la Palabra de Dios sea el fundamento de todas nuestras actividades pastorales.
2. Sacerdotes, religiosos y laicos deben recibir una adecuada formación para convertirse en operadores del apostolado bíblico. Un curso sobre el ministerio de la Pastoral bíblica debería introducirse en la curricula de los seminarios y de los centros de formación que preparan los futuros sacerdotes y religiosos a este ministerio.
3. Se imparta una formación bíblica general de todos los fieles, sobre todo de los jóvenes, no sólo en los institutos especializados, sino además con conferencias y congresos bíblicos regulares con la finalidad de hacerles más conscientes de la importancia de la Palabra de Dios en sus vidas.
4. Ya que la familia cristiana es una Iglesia doméstica y el lugar en el que se inicia toda la instrucción y la formación en la fe, la Biblia debería reinar en todas las casas cristianas para su lectura, oración, estudio y veneración. Las mujeres deberían recibir una formación bíblica adecuada para promover la escucha de Palabra de Dios en la familia.
5. La Biblia debería traducirse en la lengua local como primer paso hacia una inculturación, con la finalidad de hacer que la Palabra de Dios sea más accesible a los fieles. Cada cristiano debería tener una Biblia, leerla y hacer que se convierta en un documento de referencia o "vademecum".
6. Como dice el apóstol Pablo: "la fe viene de la predicación" (Rm 10, 17). Los pueblos de África creen vigorosamente en el poder de la palabra, especialmente de la palabra hablada. Muchos de ellos no tienen acceso a los textos porque son demasiado costosos o porque la mayor parte de ellos no sabe ni leer ni escribir. Es necesario presentarle las Escrituras en forma audiovisual.
7. Debería darse gran importancia a la Palabra de Dios en la celebración de los Sacramentos, de manera especial, en la Eucaristía y en los Sacramentales.
8. Siguiendo el ejemplo de los Padres de la Iglesia de los orígenes, la formación cristiana debería centrarse en la Palabra de Dios y las homilías deberían tener un contexto mayormente bíblico para nutrir a los fieles con la Palabra de Dios.
9. En África debería existir un Instituto Bíblico con la finalidad de promover la investigación bíblica en el contexto de la Iglesia en África.
10. Para terminar, se debería instituir un Consejo Pontificio para la promoción de la Dei Verbum, sobre todo, de su capítulo 6.

[00074-04.03] [INO40] [Texto original: inglés]

- S. Em. R. Mons. Francis DENIAU, Obispo de Nevers (FRANCIA)

Escrutando el propio misterio, la Iglesia hace referencia al pueblo judío (Nostra aetate 4). No se trata de una realidad externa, el diálogo entre judíos y cristianos no es una categoría del diálogo interreligioso. Concierne al corazón de la Iglesia y del misterio de la fe.La Nostra aetate nos invita a un diálogo bíblico. Los cristianos tienen siempre la tentación de hablar de los judíos en pasado. Juan Pablo II, definiendo el pueblo judío como nuestro hermano mayor, nos considera hermanos, pertenecientes a la misma generación. Somos "co-herederos" (Jean-Marie Lustiger) de una misma herencia, el Antiguo Testamento. Lo leemos de manera diferente: los judíos, a través de la Torah oral (puesta por escrito en el Talmud, pero que sigue prestándose a múltiples interpretaciones); nosotros a través del Nuevo Testamento y de la Tradición cristiana (sin olvidar que también para nosotros, la tradición oral precede a la escrita), insistiendo en la unidad de los dos Testamentos, que gira alrededor de la figura de Jesús Cristo. La lectura del Judaísmo farisaico y la lectura cristiana se han desarrollado contemporáneamente. La lectura judía, para nosotros cristianos es profundamente diferente a la nuestra, pero igualmente posible y legítima y podemos aprender mucho de ella (PCB, El pueblo judío y sus Sagradas Escrituras en la Biblia cristiana). Puntos centrales: que nuestra lectura del A.T. deje espacio a la lectura judía; que nuestra lectura del N. T. no genere antisemitismo; hablar de los judíos no en pasado sino en presente; rever la noción de cumplimiento (PCB 21); subrayar la dimensión de espera escatológica común, aunque diferente, a judíos y cristianos; prestar atención a la misión universal presente en la tradición judía; aunque el "no" de los judíos a Jesús nos lastima, tratar de comprender su fidelidad a Dios y a la propia vocación; intensificar el estudio de Romanos 9, 11; favorecer el diálogo, más allá de los expertos, en las parroquias y en los movimientos.

[00065-04.02] [IN061] [Texto original: francés]

- S. Em. R. Mons. Antonio MENEGAZZO, M.C.C.J., Obispo titular de Mesarfelta, El Obeid (SUDÁN)

En Sudán hay un gran deseo y hambre de la Palabra de Dios y esto lo demuestra el gran número de cristianos que piden la Biblia.Nuestros cristianos esperan de esta Asamblea una ayuda para alcanzar lo más fácilmente posible la Palabra de Dios: hacer que la Biblia sea más accesible a todas las clases de la población, sobre todo con la traducción en las lenguas de las diferentes tribus.Sacerdotes, religiosos y religiosas se han comprometido a difundir, a rezar la Biblia con los grupos de fieles y a guiar a estos grupos para que comprendan, de modo correcto, la Palabra de Dios. Pero se les pide un mayor compromiso y esfuerzo.
La Palabra de Dios no ha penetrado profundamente en el corazón y en la mente de muchos de nuestros cristianos: aún no han logrado cambiar su mentalidad: su cultura no fue completamente purificada por la Palabra de Dios. Muchas veces son incapaces de encontrar una solución a sus problemas y recurren, aún con cierta facilidad, a sus antiguas usanzas.
La ignorancia es más bien elevada, y muchas veces Dios les habla en una lengua no comprensible. La Biblia, además, fue traducida sólo a pocas lenguas de las numerosas tribus existentes. Nosotros esperamos un mayor esfuerzo por parte de la Iglesia y de las Organizaciones católicas para ayudar en las traducciones y preparar expertos para estas traducciones.
La Palabra de Dios es el centro de la vida cristiana y, por lo tanto, debería ser también el centro en la preparación de los catecúmenos del Bautismo. En Sudán la mayoría de los catecúmenos no sabe leer ni escribir: por ello, para prepararlos bien al Bautismo, los catequistas deberían ser capaces de explicar la Palabra con carteles, dibujos y con su propia palabra.
Y aquí existe un gran dilema: catequistas poco capacitados porque tienen poca instrucción y catecúmenos que desean convertirse en discípulos de Cristo: aprenden el catecismo y las verdades de la santa fe de memoria, con un pobre conocimiento de las Sagradas Escrituras. ¿Qué hacer? ¿Pueden ser bautizados? No debemos olvidar que la Gracia de Dios obra en estos nuevos humildes cristianos.
Tenemos otro gran reto: la Justicia y la Paz, el perdón y la reconciliación, después de 21 años de guerra civil entre el Norte y el Sur del país, después de tanto odio, injusticias y sufrimientos. Aún después del acuerdo de paz entre Norte y Sur, la situación no es en absoluto clara ni alentadora. No olvidemos además la guerra en el Darfur que continúa sin ningún signo de mejoría de la situación. Estamos convencidos de que la solución para un futuro de paz se puede encontrar solamente en la fidelidad a Dios y a su Palabra.
Eucaristía y Palabra de Dios, el binomio que puede traer paz y serenidad en todos los corazones: pero ¿qué podemos hacer cuando las distancias son enormes y la inseguridad por las guerras y el bandidaje hace que sea muy difícil y peligroso el contacto de los sacerdotes con los fieles? La escasez de sacerdotes es otro factor negativo. Muchos cristianos pueden recibir la Palabra de Dios y la Eucaristía esporádicamente o incluso sólo alguna que otra vez al año. Haría falta más espíritu misionero entre el clero y más generosidad en los países ricos en clero para ayudar a quienes se encuentran en grave necesidad.

[00081-04.03] [IN047] [Texto original: italiano]

- S. Em. R. Mons. Raymondo DAMASCENO ASSIS, Arzobispo de Aparecida, Presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (C.E.L.AM.) (BRASIL)

El Concilio Vaticano II hizo una afirmación que parecía obvia pero que en la prática no lo era tanto, y así abrió un gran horizonte. Afirmó que la Sagrada Escritura, Palabra de Dios escrita "bajo la inspiración del Espíritu Santo" (DV Il), es "como el alma de la Teología" (DV 24), así como el "apoyo y vigor de la Iglesia, y fortaleza de la fe para sus hijos, alimento del alma, fuente pura y perenne de la vida espiritual" (DV 21).
Esta última afirmación ha tomado cuerpo en la V Conferencia General de los Obispos de América Latina y el Caribe en Aparecida realizada el año pasado, al proponer explícitamente un cambio de enfoque, que consiste en pasar de una pastoral bíblica a una "animación bíblica de toda la pastoral" (DA 248). Pues bien, estas indicaciones tienen repercusión directa en la formación de los futuros presbíteros. La formación presbiteral en los tiempos actuales· debe poner la Palabra de Dios en el lugar central, como bien nos recordó S.S. Benedicto XVI en su discurso inauguraI en Aparecida: "Al iniciar la nueva etapa que la Iglesia misionera de América Latina y El Caribe se dispone a emprender [...], es condición indispensable el conocimiento profundo y vivencial de la Palabra de Dios". Y señaló también la urgente necesidad de "fundamentar nuestro compromiso misionero y toda nuestra vida en la roca de la Palabra de Dios".(DA 247
En el contexto actual de la Iglesia en América Latina y el Caribe es necesario y urgente que el proyecto formativo y el currículo de los seminarios, además de destacar la formación académica en la Sagrada Escritura, ponga un mayor cuidado en la capacitación de los formandos en una espiritualidad bíblica sólida, haciendo uso creativo de todos los medios al alcance, dando una especial reievancia a la Lectio Divina. El reto es lograr que los futuros presbíteros, ya desde su formación inicial, aprendan a confrontar sus vidas en el espejo de la Palabra de Dios y alcancen el conocimiento de Dios en la fuente viva de su Palabra. Para ello es necesario que aprendan a estar en un permanente y profundo contacto con la Palabra de Dios. Pero no sólo por razones funcionales, es decir por motivos académicos o pastorales, sino como un elemento constitutivo vertebral que moldee su proyecto de vida durante la formación inicial y pueda continuarlo ya siendo presbítero.
Por otra parte, sin perder nunca el alto nivel del estudio bíblico que se requiere para un futuro pastor, no podemos olvidar que su desempeño será ante todo en medio de la comunidad eclesial. Esto hace necesaria y urgente también una esmerada preparación para realizar una adecuada "animación bíblica de la pastoral", sin perder de vista que el munus de la Palabra profética, por naturaleza, requiere· ministros pedagogos en la fe, que sepan colocar "en el principio" de toda actividad de la Iglesia la semilla viviente y vivificante de la Santa Palabra.
En fin, es necesario que los futuros presbíteros aprendan a nutrirse cada día con el Pan de la Palabra ya encontrar a Cristo en la Sagrada Escritura. Sólo así podran forjar una recia y sólida espiritualidad, nutrida del Evangelio; y serán capaces de hacer que la Palabra de Dios sea realmente el "alma de la evangelización y del anuncio de Jesús a todos" (DA 248).

[00068-04.03] [IN066] [Texto original: español]

- S. Em. R. Mons. Lucio Andrice MUANDULA, Obispo de Xai-Xai (MOZAMBIQUE)

Retomando el diligente llamamiento de JUAN PABLO II a la humanidad: "¡Pueblos todos, abrid las puertas a Cristo! Su Evangelio no resta nada a la libertad humana, al debido respeto de las culturas, a cuanto hay de bueno en cada religión" (RM 3) y considerando que "el objetivo primario del Sínodo es dedicarse al tema de la Palabra con la cual «Dios invisible (cf. Col 1, 15; 1 Tim 1, 17) movido de amor, habla a los hombres como amigos (cf. Ex 33, 11; Jn 15, 14-15), trata con ellos (cf. Ba 3, 38) para invitarlos y recibirlos en su compañía» (DV 2)", nos parece que la mayor contribución que esta Asamblea Sinodal podría ofrecer a la Iglesia es recuperar la importancia de la Palabra de Dios en la vida y la misión de la Iglesia.
No todos los fieles conocen la Palabra de Dios, y es urgente que sean iniciados y animados a la lectura y la meditación más frecuentes de la Biblia. De hecho, la escucha de la Palabra de Dios en el ámbito de las celebraciones eucarísticas no logra satisfacer lo que la Dei Verbum recomienda intensamente: "Es conveniente que los cristianos tengan amplio acceso ala Sagrada Escritura" (DV 22).
Es preciso, por lo tanto, que toda la Iglesia se comprometa en una pastoral bíblica de conjunto, llevada a cabo de tal manera que cada familia cristiana, además de tener la Palabra de Dios traducida en su propio idioma, pueda acceder a su significado más elemental, y poder así transmitir a sus hijos, de generación en generación, el verdadero contenido de la Palabra Salvífica de Dios, Jesucristo el Verbo encarnado.

[00090-04.03] [IN068] [Texto original: italiano]

- S. Em. R. Mons. Ramzi GARMOU, Arzobispo de Teherán de los Caldeos, Presidente de la Conferencia Episcopal Administrador Patriarcal de Ahwaz de los Caldeos (IRÁN)

Toda la Biblia, desde el libro del Génesis hasta el Apocalipsis, nos dice que la fidelidad a la Palabra de Dios conduce a la persecución. El primer perseguido, por excelencia, es el mismo Jesucristo, que vivió la persecución desde los primeros días de su nacimiento hasta su muerte en la cruz. Según el Evangelio, la persecución se considera el signo más elocuente de la fidelidad a la Palabra de Dios. El crecimiento de la Iglesia y su avance en el camino de la evangelización de los pueblos son fruto de la persecución que ha sufrido en cada lugar y en cada tiempo. Jesús, en el Evangelio, nos habla muy claramente de la persecución (Lc 21, 12-19). Recemos al Espíritu Santo a fin de que conceda a la Iglesia del tercer milenio, en este Año Paulino, la gracia y la alegría de hacer una experiencia auténtica de la persecución a causa de su fidelidad a la Palabra de Dios.

[00096-04.03] [IN075] [Texto original: francés]

- S. Em. R. Mons. Fidèle AGBATCHI, Arzobispo de Parakou (BENÍN)

Es bello que el Santo Sínodo mantenga unida la estrecha identificación entre la Palabra de Dios y la Persona de Jesucristo, de manera que todo lo que se dice sobre el devenir de la Palabra se afirme también para el ciclo del Verbo Encarnado. Sobre esta base, el ciclo del Verbo, en las diferentes faces que conoce su encuentro con la cultura humana, podría ser resumido de esta forma:
-Cuando el Verbo se hace carne, entra en la cultura humana, se incultura. Haciendo esto, actúa por libre decisión, fundada en el Amor que nos valdrá la salvación de Dios. La inculturación no inicia, por lo tanto, solamente a partir de una práctica del apostolado o la liturgia, sino sobretodo de una iniciativa de amor de Dios por salvar al hombre caído en el pecado. El primero que realiza la inculturación en su forma más perfecta es, por lo tanto, Jesucristo, la inculturación hecha persona.
- Inculturándose, el Verbo se acultura; Él, que es no-cultura acepta unirse a una - que además está manchada por el pecado - y a padecer su influencia.
- Inculturándose el Verbo acultura. La cultura humana no puede dejar de experimentar la influencia del Verbo que va hacia ella. El Verbo propone e imprime su influencia divina, lo que presupone que la cultura se abra para acoger dicha influencia y adquirir algo de la divinidad.
En todo este proceso, el Verbo decultura. Como el viñador poda la viña, así el Verbo intenta erradicar de la cultura los elementos no acordes con su imagen. Es lo que hace Jahvé cuando intima a Israel a no decir más en su tierra: "Los padres comieron el agraz, y los dientes de sus hijos sufren la dentera?".Es la misma lucha que llevó a cabo Jesucristo tratando de erradicar de la cultura, el pecado y sus consecuencias. Ahora bien, Jesús lleva adelante esta lucha hasta la destrucción de ese Templo que se propone reconstruir en tres días. Y como el Templo de su Cuerpo resurge del sepulcro, así la cultura deculturizada adquiere la promesa de vida a través de la resurrección de Cristo.
A esta compleja aventura pascual está invitado el proceso de inculturación, del que hay que discernir en manera adecuada y simultánea todas las fases, para no correr el riesgo de caer en derivaciones deplorables en la práctica.
Como la Encarnación es el futuro del mundo, así también la inculturación es el futuro de toda forma de apostolado, ya sea éste bíblico, Kerigmático o sacramental. En este sentido me permito formular algunas sugerencias:
- Que el Kerigma vuelva hoy a revestirse con el mismo tono escatológico que tenía en los comienzos de la Iglesia. El futuro de la fe está en el cielo pero el cielo está ya sobre la tierra con la salvación en Jesucristo.¡ Que esto sea enseñado y vivido!
- Que el método de la inculturación se inscriba en la línea suscitada por el impulso ardiente del Verbo en la Encarnación, por Aquél que hemos definido la Inculturación hecha persona.
[00097-04.03] [IN076] [Texto original: francés]

- S. Em. R. Mons. Dionisio LACHOVICZ, O.S.B.M., Obispo titular de Egnazia, Obispo de curia de Kyiv-Halyč (UCRANIA)

La primera observación se refiere a la unidad entre Palabra y Bautismo, y de éstas con la Eucaristía: En el Documento de trabajo se dice que "son dos las realidades que unen a los cristianos entre sí: la Palabra de Dios y el Bautismo" (IL 54). Habría que profundizar en este tema, porque tal como está parece una media-unidad, ya que en el número 35 está escrito que existe también una íntima unidad entre Palabra y Eucaristía, con el apoyo de las citas de la Tradición de la Iglesia: "Corpus Christi intelligitur etiam Scriptura Dei ", o bien de las palabras de San Jerónimo: "En efecto, la Palabra de Dios es verdadero alimento y verdadera bebida, que se alcanza a través del conocimiento de las Escrituras". También el Concilio Vaticano II afirma que Palabra y Eucaristía son "un solo acto de culto" (SC 56).
En síntesis, se afirma la íntima unidad entre Palabra y Bautismo, al igual que entre Palabra y Eucaristía.
En estos términos, es difícil entender, desde el punto de vista del ecumenismo, porqué no se puede concelebrar el sacramento de la Eucaristía con los Ortodoxos (por ejemplo), mientras que se puede celebrar con ellos el sacramento de la Palabra de Dios y tener el Bautismo en común. Si existe esta unidad entre Palabra, Bautismo y Eucaristía, ¿por qué negar la comunión eucarística?
Por otra parte, con la misma lógica de unidad, pero a la inversa, como dijo un Arzobispo ortodoxo (Agustín de Lviv, de la Comisión teológica del Patriarcado de Moscú), cuando no existe la comunión eucarística, no se puede celebrar siquiera la Palabra juntos, ni rezar el "Padre Nuestro" junto con los católicos. Así, con esta lógica, por parte de los ortodoxos no se admitirá como válido el Bautismo de los católicos, como se ha afirmado alguna vez en los encuentros ecuménicos. Y tampoco es posible llamarse unos a otros "hermanos".
Una segunda observación relativa al "Ecumenismo y Palabra de Dios": ¿Cómo podemos leer y comentar la Palabra de Dios con las otras confesiones, por ejemplo, el pasaje "para que todos sean uno" (Jn 17, 20), si no podemos encarnar esta Palabra? La Palabra se vuelve estéril. Si no eres capaz o no quieres encarnar esta Palabra, entonces ¿para qué leerla? El Papa Benedicto XVI dice, precisamente, que el mundo espera una "respuesta a la escucha de la Palabra" (IL 54).
Tenemos una cierta impresión de que todo lo que se dice sobre el ecumenismo, es para los otros, para un "tercero", en el momento del decir ausente. Como si esta Palabra pudiera hacer un milagro, pero nosotros nos quedamos igual.
Un ejemplo: en Ucrania, hemos realizado una traducción ecuménica de la Biblia, con la colaboración de ortodoxos y protestantes, pero no podemos rezar ni celebrar junto con ellos.
Y la tercera observación: De la misma manera, me parece que se corra también el peligro de instrumentalizar la Palabra de Dios. Se puede convertir en un "instrumento" de discusión, de estudio, de diálogo, de encuentro, incluso de oración común, pero es superficial, no tiene la fuerza para cambiar, no lleva al misterio común de la celebración de la Palabra, no se convierte en carne-sarx, es decir, no se encarna en la vida de la persona y de la Iglesia. Podemos saber de memoria toda la Biblia, discutir sobre ella con competencia, pero quedar fuera de ella, sin alimentarnos de ella, sin ser incorporados a Cristo, sin ser bautizados en Cristo.